La Estrella Fugaz – parte I

Todavía recuerdo el domingo aquel del 2003 (en Julio, si la memoria no me falla) cuando regresaba a casa después de haber rendido una evaluación para ingresar a la escuela de profesores de la organización Trilce (que agrupa una gran cantidad de colegios y academias). Desde hacía unos años atrás había tratado de aprovechar, por períodos, mi enorme facilidad con los números a fin de ofrecer mis servicios como profesor / asesor para escolares y pre-universitarios, a quienes visitaba en sus hogares a cambio de 10 soles la hora (a veces menos). Para el citado año, creía estar preparado para el siguiente nivel, y eso significaba formalizar mi servicio de dictado intentando ser profesor de academia (dicho sea de paso, seguía estudiando en la Universidad y la ausencia de logros concretos facilitó que desviará mi atención hacia la docencia, como tantos otros “cerebritos” matemáticos).

Semanas atrás había divisado la convocatoria de Trilce para tal fin, y me animé enseguida. Debía elegir una sola materia para dictar (pues esas eran las reglas), así que opté por la Trigonometría en la que tan bien me había ido antes de ingresar a la UNI (luego me enteraría que era la ciencia matemática con menos postulantes de esa convocatoria). Ese domingo almorzamos en familia (como todo fin de semana) y no hicimos mayores comentarios al respecto (no me gusta entrar en detalle sobre proyectos personales en proceso). Luego yo me fui a Chosica puesto que teníamos una presentación con la Tuna (en la cual yo era novato en esa época, pero es tema de otro blog), auspiciada por la Municipalidad y con invitados extranjeros incluso (de Bolivia y México). Luego de la tocata nocturna (como de costumbre) vino la celebración en el club de la FAP (que cordialmente nos cedieron para departir y pernoctar, a la cual se nos unió el alcalde, gran amigo de mi familia paterna por casualida) y al día siguiente el regreso a Lima, que no pudo ser mejor pues telefónicamente me comunicaban, en el camino, que había sido admitido a la Escuela de Profesores 2003.

La capacitación se realizaría en el local de San Miguel (justo frente a la extinta Feria del Pacífico, donde ahora gobiernan imponentes Edificios Residenciales, un Tottus, SODIMAC y otros comercios menores). Los meses siguientes fueron de aprendizaje constante (que comenzó en Agosto): había que asistir por lo menos 02 veces en la tarde entre lunes y jueves, y los días viernes ser evaluado mientras dictábamos un tema teniendo como auditorio a los demás capacitados y como evaluadores a reconocidos profesores de la organización. Para la mayoría era una experiencia nueva y enriquecedora pues compartíamos salón con especialistas en biología, literatura, álgebra, historia universal, etc. Pero poco a poco, por motivos distintos, el grupo inicial de casi 80 personas se iba reduciendo cada vez más. Incluso en trigonometría (mi curso) llegué a encontrarme solo luego de haber sido 05 los admitidos inicialmente. Yo seguía invirtiendo mi tiempo en ello (compartido con la Tuna y la Universidad, en ese orden para ser sinceros) pues aprendía mucho acerca de qué tono de voz usar, hacer analogías, aproximación, vocalización, movimientos con el cuerpo, uso de tizas (colores), reglas, etc., cosas que me sirven incluso hasta la fecha.

Pero mi interés también decayó promediando Noviembre. Ya eran 03 meses seguidos y restaban aún otros 04 para ser admitidos como profesores, quienes culminaran por supuesto. Y entonces vi en un anuncio que la academia Pitágoras convocaba a concurso para su propia escuela de profesores, siendo la evaluación escrita el 1er domingo de diciembre. Ofrecían sólo 03 meses de preparación (enro – marzo) para luego pasar a dictar y me animé de inmediato. Además, yo había sido alumno de esa academia y en ella había aprendido mucho de la vida y del saber, en ese orden, así que era una forma de devolver lo recibido. Aprobé el examen escrito como esperaba y restaban las evaluaciones psicológica y de pizarra, cada cual con carácter eliminatorio, que debían ser en días distintos a principios de diciembre.

La evaluación psicológica fue la 1ra de ese tipo que pasaba en toda mi vida, y estaba muy nervioso, pero con la procesión por dentro (rasgo característico en mi). Incluyó una entrevista final con la psicóloga en donde evidencié mis deseos de pertenecer a la Academia y mi sincero interés por ayudar a los alumnos a superarse. Eso debe haberme ayudado pues apr0bé la evaluación y días después tocaba la prueba de pizarra, en la que tenía como evaluadores a los más bravos de la trigonometría, algunos de ellos habían sido profesores míos un quinquenio atrás cuando andaba preparándome para ingresar a la universidad. Tenía que escoger un tema y exponerlo. Había llegado hasta ese lugar valiéndome sólo de mí mismo (con lo poco o mucho que eso significara), pero para aprobar el examen de pizarra necesitaría algo más, así que opté por aplicar todo lo que había aprendido en las casi 40 sesiones de capacitación y en las 15 ó 16 evaluaciones períodicas por las que me había tocado pasar en Trilce. Mi clase de prueba tuvo de todo: colores bien definidos, buena letra y de tamaño adecuado, una mini-historieta de introducción, buen tono de voz, un tema que nadie más tocó, etc. Veía satisfacción en los evaluadores, la cual se replicó en mí cuando me comunicaron 03 días después que había sido admitido en la Escuela de Profesores. Decidí entonces dejar Trilce y tomar lo de Pitágoras, pues me aseguraba llegar a Abril 2004 siendo docente.

Las fiestas de fin de año se acercaban cuando mi celular timbró (estaba en casa): era la directora académica de Pitágoras. Yo me preocupé, pero dejé que exponga la inquietud motivo de su llamada luego de saludarla: “… Estimado profesor Castro. Hemos recibido muy buenas referencias de la evaluación de pizarra que brindó días atrás y lo felicitamos. Puesto que los ciclos de verano están a punto de abrir y tenemos cierto déficit con profesores de su curso (trigonometría), queremos consultarle si estaría dispuesto a pasar por una nueva evaluación de pizarra. En caso de ser aprobado, usted estaría siendo admitido ya como Docente para inicar labores la 1ra semana de enero en algunos de nuestros programas…“. Yo me puse nervioso y hasta asustado, pero me tranquilizó bastante saber que en caso no aprobar dicha evaluación yo proseguiría en la Escuela de Profesores sin ningún inconveniente. Acepté pasar la prueba: debía otra vez escoger un tema y exponerlo. Esta vez tocó que me evaluara sólo el Jefe de la Plana de Trigonometría (que ya había estado en el grupo evaluador anterior), a quien reordaba como un profesor novato en mi época pre-universitaria. Me agradaba saber que tan lejos había llegado. Creo que ese hecho curioso de, en ese momento, ser yo el novato así como él lo fue años atrás facilitó la exposición y evaluación… me aprobó sin mayor rollo y de esa manera recomendó mi inmediata contratación como docente, saltando con garrocha la escuela de profesores. Me contrataron formalmente 01 semana antes de navidad (pro 1ra vez conocía de cerca cosas como “recibo por honorarios”, “RUC”, “contrato de trabajo” y demás yerbas).

Ya como docente, me programaron clases en los más variopintos distritos de Lima: así como me tocó estar en San Miguel también estuve en San Juan de Miraflores, y así como estaba en San Martín de Porres, frente a la UNI (opté por seguir un curso de verano, el cual pasé con 10.0), también me mandaron a Comas, a las 08:00 am !!!!!  (yo vivía en La Molina y no había Metropolitano aún). Pero todo me sirvió. Arranqué con algo suave, 16 horas semanales para nivelación escolar (3ro, 4to, 5to de secundaria), distribuidos en todos esos locales, como programas de verano. Recuerdo incluso haber dictado una clase con muletas por haberme lastimado el tobillo el día anterior en una pichanga (ya se imaginarán el espectáculo incluyendo mis viajes en combi). Me pagaban quincenalmente, 10 soles por hora sin descuentos. La tan ansiada libertad económica por fín había llegado. Desde aquel verano, 08 años atrás, nunca más volví a pedirle dinero a mis padres para nada más, lo cual les significó un alivio pues ese “apoyo” era muy necesario en esa época difícil. Incluso aproveché más aún mis ganancias y estudié un cursillo en SENCICO.

Pero los programas de verano acabarían y yo, docente novato en una organización inmensa, no había entregado mi disponibilidad para los semestres regulares que se venían con la anticipación del caso. Me programaron sólo 06 horas semanales para el período Abril – Julio (todo para el Anual San Marcos, que al menos ya significaba un avance en mi nivel). Mis horas (y mis honorarios !!) aumentaron para el 2do semestre del año y al verano siguiente (2005) otra vez nivelación escolar, para volver al semestral en abril de 2005. Cada vez me daban más horas, cada vez cobraba más, cada vez me sentía más cómodo y seguro como docente (incluso en menos de 02 años había llegado a la Sede Central), pero cada vez me iba peor en la universidad (ver mi blog “Cachimbo a los 27…”) y, para mayor fatalidad, me iba alejando de la especialidad que había escogido (ingeniería civil), en una época en que todos los amigos con quienes había ingresado en el año 1998 ya habían egresado o estaban por hacerlo, la mayoría con buenas ofertas laborales por su buen rendimiento.

Así la pasaba en Julio de 2005 (vacaciones tanto del trabajo como de la universidad) cuando tomé una difícil decisión: pese a la seguridad, pese a la buena paga, pese al status, debía renunciar a la Academia y buscar opciones dentro de mi carrera (una de las desiciones más dolorosas que he tomado en toda mi vida). Debía comenzar de cero (en mi caso, de “negativo” dado que aún no había culminado la Universidad). No había estado más que año y medio en la Academia y ya debía despedirme. Pasaba de ser “algo” a ser “nada” a una edad en que la cosa debería estar bastante clara.

 

(… continuará)

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Una respuesta para “La Estrella Fugaz – parte I”

  1. Patty Dice:

    Escribes muy bien y dinámico e interesante, que todo te siga yendo excelenteee amigo :)

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