Vuelvo después de muchas lunas a este mi blog. Lo hago así puesto que este año mi ritmo de vida me impide detenerme mucho tiempo para hacer algo distinto, lo cual no necesariamente me aburre. Es más, podría decir que las ultimas vivencias vienen siendo espectaculares.
Cuando uno tiene 16 años y ha decidido su vida desde hace 04 lo que se avecina en la vida parece más fácil. Mientras la mayoría de adolecentes no tenía ni idea de qué estudiar al concluir el colegio, yo sabía con mucha anticipación que lo mío era la ingeniería civil, dada la facilidad que me representaban las ciencias matemáticas (algo que aún me acompaña felizmente). Incluso desde los 12 ó 13 mis familiares más cercanos, papás, tíos, fijaron en mi subconciente que mi destino era la UNI, de todas maneras… se convirtió entonces en un objetivo semiobsesivo, la posibilidad única, negándome entonces la oportunidad de explorar otras alternativas. La UNI o muerte, era la consigna. Y a mí me pareció bien. Si lo decían ellos era por algo bueno.
Fue así que, luego de un semestre en el centro preuniversitario, ingresé finalmente a dicha casa de estudios. Me di cuenta rapidamente que mi facultad era (y sigue siendo) la más grande, la más bonita y la mejor organizada. También noté desde el inicio que los comentarios que en pasillos preuniversitarios abundaban eran ciertos: la UNI era “tranca” para ingresar, y peor aún para mantenerse. Había que ser aplicado. Confié entonces en mi excelente performance durante la secundaria, pero no tardaría mucho en desengañarme.
Para alguien que se mantuvo siempre entre el 1er y 2do lugar de su salón escolar, jalar Física I significó un choque emocional terrible (después vendrían más). Pasado el trauma inicial, los ciclos posteriores me mantuvieron “a media tabla”, destacando, eso si, en los cursos de matemática pura. Todo bien, o todo regular, durante los primeros años. Puntos más, puntos menos, trataba de no quedarme atrás con respecto a mis mejores amigos. Había sido un escolar aplicado, de casualidad no podía haber sido.
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Creo que lo peor que le puede pasar a un ser humano, camino a su formación definitiva, es pasar de forma anacrónica por las distintas etapas naturales de la vida. A mi me sorprendió mi momento inconciente, “relajado” e irreverente a los 22 años (justo después de mi 1ra y más grande decepción amorosa). De aquel muchachito considerado y concecuente quedaban apenas retazos. La universidad me fue importando cada vez menos (¿para qué seguir esforzándose en algo que aún no me era de utilidad?), mientras otras inquietudes ocupaban mi mente. En medio del torbellino, a principios de 2004, inicié el 1er trabajo formal de mi vida: docente en una academia preuniversitaria. Y a medida que los meses avanzaban, mientrás mejor me iba en el trabajo peor me iba en los estudios. Los cursos en que me matriculaba eran siempre más horribles que los anteriores (de los cuales la mitad terminaba repitiendo, claro). El respeto que me ganaba mientras le daba la espalda a la pizarra con tiza (o plumón) en mano se diluía velozmente cuando me sentaba frente a ella (de ahí mi lema: “mi éxito depende del lado del telón en que me toque estar”). Lo peor vendría luego: habían pasado los años y mi familia, como es lógico, esperaba atentamente mi pronta graduación.
No encuentro error más grande en la vida que el no saber cómo enfrentarlos y solucionarlos. Con la vergüenza a diestra y el cinismo a siniestra, oculte a todos mi desgracia personal, pensando que en algún momento hallaría la solución. Nada más falso. Lo peor de todo era que me seguía yendo bien laboralmente (lo cual me cegaba): había ingresado a practicar mi carrera (¡¡por fin!!)) en una empresa lider en el pais. Pero la carrera seguía postergada. Y así estuvo casi 02 años más, incluso ya había salido de la empresa en cuestión.
Las situaciones extremas ayudan a tomar conciencia. Me vi forzado a confesar mi particular “agonía” un domingo a medianoche (justo en medio de una semana como pocas: el tenis peruano clasificado al grupo mundial, Fujimori extraditado, mi 26avo cumpleaños, el nacimiento de mi única sobrina). Fue una medida extrema. No tenía otra manera de explicar cómo podía darme el lujo de rechazar la oportunidad de ingresar a una empresa TOP en la ingeniería peruana justo cuando más lo necesitaba. El motivo era que la posición obligaba a viajar a provincia, y yo me encontraba, secretamente, llevando en Lima algunos de los cursos que me faltaban para acabar.
Fue como destapar una olla a presión. Lo que más me dolía era confirmar la decepción de los míos. Pero no mediaron reproches sino mas bien recomendaciones y una llamada al orden. Creo que ese fue el punto de inflexión. Parado ahí, con mi hermosa sobrina (ahora también ahijada) de apenas 02 días de edad en mis brazos, me prometí a mi mismo tomar suficiente vuelo y concluir de una buena vez lo que estaba pendiente. Y vaya que resultó complicado porque se trataba de estudiar y trabajar a la vez (mi estilo de vida me obligaba ya a trabajar a tiempo completo para mantenerme).
Dios existe y puedo dar fe. Todo mi desbarajuste autocausado debería haberme “condenado” a tener que contentarme con trabajos mediocres y en pésimas condiciones. Pero no fue así. Cada cambio de trabajo que me ha tocado vivir ha sido para mejorar las condiciones anteriores, mientras el esfuerzo desplegado para estudiar rendía frutos. Y así, 11 años después de haber pisado la universidad por primera vez, pude decir al fin “meta cumplida”.
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Nada que se logra a destiempo es gratificante. A mi no me significa ninguna alegría recordar todo ello. Si tengo que hacer un resumen de mi vida universitaria pues lo colocaría entre mis peores experiencias. Pero de todas maneras me ha servido como puerta de ingreso al mundo laboral en que me desempeño y que me genera alegrías a cada tanto. Adicionalmente, desde hace un tiempo he podido seguir especializaciones y postgrados con muy buen rendimiento. Me he dado cuenta que me interesan los sistemas de gestión y gerencia de proyectos. Incluso obtengo notas en mis evaluaciones que pocos años atrás hubieran sido un sueño. Le he agarrado el gusto al estudio y ahora siento que no puedo vivir sin capacitarme, sin aprender cada vez más cosas relacionadas a los campos ya citados. Si se dice que la universitaria es la etapa de vida en que uno se forma de manera definitiva para el futuro pues yo siento que dicha etapa la estoy viviendo ahora. Fui un “cachimbo” de 27 años que pasó los otros 26 decidiendo lo que quería seguir… y no me arrepiento del pasado porque siento que todo ello, lo bueno, malo y feo, ha hecho posible que me encuentre justo donde estoy, disfrutando de un hobbie por el cual me pagan (y nada mal). Con la autoestima, respeto y temple recuperados sólo queda seguir andando y “tragarme” el mundo entero…
Esto no es más que un relato de vida que espero les sirva como ejemplo de lo que uno NO debe hacer en situaciones complicadas. No me avergüenza lo vivido, pero por supuesto no lo recomiendo. No siempre tiene uno la bendición de caer parado al saltar del avión sin paracaidas… lo mejor sería, desde luego, no tener que llegar al extremo de saltar.
agosto 12, 2010 a las 7:50 am |
Vamos, veo que has agarrado valor y has resumido bien una etapa de vida no muy feliz (por decir lo menos) pero queda una vez mas demostrado que lo mejor no es abandonarse o dejarse llevar por la corriente, somo nosotros mismos los que debemos tomar el timón de nuestra vida (nadie más lo hará). A estas alturas de la vida, estoy convencida de que no vale la pena perder tiempo pensando qué no hicimos, lo mejor es hacer en el presente todo aquello que tenemos propuesto hacer, conquistando una montaña tras otra.
agosto 14, 2010 a las 5:27 pm |
Bueno estimado, realmente hace tiempo que no escribías. Respecto a tu post, pues es bueno que hayas logrado el objetivo. Cada día es un nuevo comienzo, y en verdad todo pasa tan rápido que no hay tiempo de mirar atrás, así que sigue mirando hacia adelante y que todo te vaya bien.
Y a ver cuando nos reunimos, no seas falla.
agosto 22, 2010 a las 9:52 pm |
Recuerdo cada palabra que hablamos esa noche, recuerdo también que a medida que la confesión llegaba al clímax mi corazón amenazaba colapsar, sin embargo saqué furzas de flaqueza, en parte porque estaba confirmando algo que venía sospechando desde hacía algún tiempo devido a que no podía entender la razón de no aceptar la oferta laboral de una empresa líder en el campo de la construcción y porque como te dije entonces, de nada servía llorar sobre la leche derramada, en cambio debíamos concentrarnos en tomar las medidas correctivas, como en efecto hiciste y por lo que me siento totalmente orgullosa. Desde entonces y sin el peso de sostener semejante ´SECRETO solo, estas logrando todo aquello que tenías en mente cuando ingresaste a la UNI. Estoy segura que todos alguna vez cometimos muchos errores en nuestra juventud, los mismos que nos dan la experiencia y la sabiduría para compartir con los que vienen después y quizá conseguir evitarlos. Ahora entiendo que lo bueno de caer es saber levantarse, Adelante querido hijo…