La Estrella Fugaz – parte VI (final)

febrero 25, 2012

Varias semanas atrás, Omar (sí, mi ex – jefe de COSAPI) se había comunicado conmigo para integrarme como analista de calidad a su cargo (hacía un año que GyM lo había incorporado como Jefe del Área de Calidad). Ese 1er intento acabó mal (incluso me lastimé la rodilla  en una actividad de apoyo poco después de navidad) y opté por no tomar la posición ofrecida (salí de la oficina de Omar diciéndole “la próxima vez llámame para algo en serio”). Promediando febrero (estaba convaleciendo de la rodilla) su número apareció en mi pantalla del celular lo cual me extrañaba… ya eran varias semanas que no nos habíamos comunicado. Luego de los saludos de cortesía me explicó que necesitaban una persona de mi perfil para liderar el área de calidad en uno de sus proyectos en provincia. Las condiciones (régimen, destaque) eran inmejorables para la realidad nacional. Yo había planificado pasar mayor tiempo con mi nueva familia ante los cambios por los que estábamos pasando y dudé, pero aun así accedí cuando me pidió “permiso” para enviar mi CV a la gerencia de proyecto a fin de ser evaluado. Además, cualquier otra opción del mismo calibre me obligaba a salir de donde vivía. No encontré, por esos días, ofertas mejores. Y la opción se concretó: Omar me volvió a llamar algunos días después para comunicarme que mi CV había sido aprobado y necesitaba formalizar mi incorporación a GyM, para el rol de Superintendente QAQC (Aseguramiento y Control de la Calidad). Acepté y el proceso de contratación fue bastante rápido, no guardaba ningún rencor ni similar por la mala experiencia anterior.

Estuve los 1ros días de Abril en Lima conociendo la empresa, el área y a los nuevos colegas (que serían analistas de mi proyecto) y luego todo fue ir y venir: pasaba 14 días en el proyecto pero tenía 01 semana entera para viajar a casa, con mi familia (felizmente la empresa lo pagaba). El área que manejaba era inmensa: llegué a tener 24 personas a cargo, entre ambos turnos en que subdividimos al personal. El proyecto (según dijeron en la inducción, “el más importante en la historia de GyM”) trataba de la construcción de una nueva ciudad para asentar diversas comunidades, dado que se encontraban sobre una concesión minera a cargo de Xstrata Copper (resultaría ser el proyecto minero Las Bambas). Fue algo desgastante pasar más tiempo del debido tratando de encontrar personal idóneo para incorporarlo a mi área, pero el entusiasmo se mantenía pese a que sufrimos una hollywoodesca evacuación en Mayo cuando las comunidades se levantaron en huelga, en contra de la minera (esa paralización duró 01 mes, en que proseguí trabajando en la oficina principal en Lima). Cada vez mi equipo era más grande y más unido (por lo menos los que compartían turno conmigo)… se trataba de brindar calor de hogar porque las condiciones eran difíciles y no quería darles un motivo más para que piensen en dejar el proyecto (el cliente, además, era súper exigente y no habían faltado los roces conmigo y con mi personal). Programábamos con regularidad cenas grupales en el mejor restaurante del pueblo (sobre todo para festejar los cumpleaños y los feriados importantes). También introdujimos los memorables partidos de fulbito con otras áreas (y con obreros). Al principio la altura nos jugó varias malas pasadas pero llegamos a aclimatarnos y nos volvimos un equipo de temer (la estrategia era: 01 arquero, 04 defensores que casi nunca pasaran la media cancha, para contener cualquier intento rival, y yo solito arriba para pescar todos los pases largos y rebotes y embocarla… nos resultó y por esa “gracia” me pusieron de apodo Checho, como ya había sucedido en mis pichangas en el Puente con COSAPI 01 año atrás). Sentía que de verdad éramos un equipo en toda la dimensión de la palabra. Intenté ser de todo, menos un “jefe”, y mis dirigidos me retribuían con esfuerzo, honestidad y lealtad.

Y así pasaban los meses y yo como Superintendente me sentía cada vez más afiatado, mi equipo estaba ya casi completo y todos sabían perfectamente lo que tenían que hacer. Pero el gerente de proyecto (que había aprobado mi incorporación en Marzo) tuvo que ser removido a pedido del cliente (nunca llegaron a hacer “click”) pese a la lucha férrea que desde Lima los directivos de la empresa hicieron. Entró un nuevo gerente de proyecto y aunque las razones nunca quedaron del todo claras, me comunicó pocas semanas después de incorporarse que yo debía ser también removido (sin mediar ninguna carta de queja del cliente o notificación de RRHH por bajo desempeño, no habían motivos) y para ello ya había elegido a mi sucesor, con quien debería pasar por un período de traslape y luego quedar a la expectativa en Lima. Por supuesto no me pareció. Bajé a Lima por días de descanso justo al día siguiente de recibida la novedad y comuniqué, desde ahí, que no regresaría (no me interesó el susodicho traslape), no estaba dispuesto a formar parte de lo que consideraba una afrenta (a Omar le dije “payasada”). Había pasado 08 meses aceptablemente en la Obra como Superintendente y ahora me tocaba pasar el último mes del año 2011 apoyando en actividades diversas en la oficina principal, como “buffer” (eso lastimaba mi orgullo terriblemente). Desde luego el entusiasmo no era el mismo pero aun así ponía todo mi empeño en cuanto apoyo me solicitaban (algunas cosas eran bastante básicas para mí, pero igual). No había ningún proyecto de interesante envergadura en que yo pudiera incorporarme prontamente como jefe de calidad o superior (no podía aceptar algo menor), así que era cuestión de tiempo que se presentará alguna buena opción fuera de la empresa para renunciar… como finalmente sucedió.

Poco antes de salir del Proyecto, una organización educativa especializada en programas de postgrado en Ingeniería se había ubicado a través de la web (siempre he considerado que las redes sociales deben ayudar a mostrar tus virtudes, no sólo a acumular “amigos”). Me enviaron un correo proponiéndome unirme a ellos a partir del verano venidero para participar como docente de un nuevo programa que acababan de idear: Gerencia de Calidad en Proyectos de Construcción. Regresar a la docencia siempre había sido otro de mis grandes objetivos (es algo que haría incluso gratis) y qué mejor que en un nivel de postgrado. Nos reunimos una sola vez y el acuerdo fue inmediato… debería iniciar el dictado del programa (36 horas divididas en 10 sesiones) hacia fines de enero 2012. Lo tomé como un acto de justicia divina y desagravio por el mal rato que poco antes había pasado al comunicarme mi remoción. Por tanto, mi ánimo estaba a tope como para recibir las fiestas de navidad y año nuevo, esperanzado en un futuro inmediato mucho mejor.

 

********************************

 

Uno de mis ex – jefes (tengo tantos que en verdad no recuerdo cuál de ellos, no es broma) me dijo poco antes de una de mis tantas salidas que yo era como una estrella fugaz porque “vienes de improviso, brillas intensamente durante un corto período y, cuando nadie se lo espera, te vas”. Yo estoy convencido que no se trata necesariamente de una actitud deliberada o una falta de compromiso sino que las circunstancias han contribuido a que en poco menos de 06 años ya haya pasado por 08 trabajos (y ahora estoy en el 9no). Yo, a algunos, podría parecerles como el “eterno insatisfecho” o algo incluso peor pero mi conciencia se mantiene tranquila sabiendo que, cuando menos, nunca tuve que recurrir a acciones vedadas para “salirme con la mía”. Además, cada cambio ha sido para mejorar mis condiciones anteriores (y no me refiero sólo al sueldo) y para entender diversas culturas organizacionales, de lo cual uno se enriquece bastante.  También he ampliado mi red de contactos porque siempre he sido transparente y directo y hay mucha gente que confía en mí precisamente por esa forma de actuar. Alguna vez me dijeron que mi CV (por mostrar tantos puestos ocupados en tan poco tiempo) genera incertidumbre en el mercado, pero yo creo que eso es para los empleadores que te pintan Picasso y luego te brindan un graffiti barato. Uno debe mostrarse tal cual es y las empresas también… no es justo cuando tú pones todo el empeño posible y luego te juegan mal. Yo me encuentro en una lucha permanente por “educar” a las empresas a que traten mejor a sus colaboradores, sin engaños, sin abusos, sin falsas expectativas con el mero afán de retener al talento. Y también para que los colaboradores sean honestos y no le saquen la vuelta a su empleador ante el 1er canto de sirena, menos aun cuando tu posición resulta muy difícil de cubrir y no les has dado tiempo para nada.

Ahora me encuentro como Jefe del Sistema Integrado de Gestión en una unidad minera cerca a Lima, en lo que ha significado un cambio de rumbo tremendo (he dejado, insisto que temporalmente, la Calidad para Construcción, que tan infinitas satisfacciones me ha deparado, para unirme a la Seguridad para Minería). Algunos opinaron que era un disparate de mi parte salir de un business en que tan bien me ha ido para virar hacia algo tan distinto y complejo, pero me siento contento y con las ganas a tope. Además, desde adentro uno puede verificar que no son aspectos tan diametralmente distintos como parecen: ambos se basan en la mejora continua, en ambos se tiene que planificar debidamente para luego aplicar lo planeado, en ambos se trata de cumplir con los requisitos y evitar situaciones anormales (también conocidas como “de emergencia”). A mí me parece más bien haber dejado un ceviche de jurel por un tiradito de lenguado.

Claro que la experiencia me dicta que no necesariamente voy a fijar anclas en este puerto. La vida me ha enseñado que el aspecto laboral es un ir y venir permanente y que lo importante no es el tiempo que pasas en un sitio sino en dar todo de uno en todos los sitios en donde nos encontremos, y ser honestos con nosotros mismos y con nuestros “clientes internos” cuando nuestros objetivos y los de la empresa ya no encajen y haya que tomar rumbos distintos. Es eso lo que he tratado de hacer siempre en cuanta galaxia me haya tocado viajar cual si fuera una estrella… algunas veces de manera fugaz y algunas no tanto.

 

***** FIN  *****

(…al menos por ahora)

La Estrella Fugaz – parte V

febrero 20, 2012

El nuevo proyecto al que me integraba trataba de la construcción de 02 puentes de estructura metálica sobre el río Rímac, como ampliación del Puente del Ejército existente (que une la Av. Alfonso Ugarte con la Av. Caquetá, en el distrito de San Martín de Porres), con todas sus obras civiles complementarias desde luego (suelos, concreto, asfalto). Yo había imaginado ingresar como Jefe de Calidad de dicho proyecto, pero grande fue mi sorpresa cuando se me comunicó que vendría un especialista mecánico para dicha posición, quedándome yo como su 2do para la parte civil de la obra. La siguiente gran sorpresa fue cuando me percaté que el proyecto se ejecutaría no como COSAPI directamente sino en consorcio con otra empresa (nunca fue así en realidad: el socio sólo aportaba maquinaria pesada y no siempre y no a tiempo, llevando COSAPI todo el peso ante el cliente). Y como a la 3ra va la vencida, cuando atiné a llamar al Jefe de Calidad de toda la empresa a fin de recibir las indicaciones propias para mi función sólo recibí un “mira, tú ya sabes lo que tienes que hacer. No vamos a hacer seguimiento a ese proyecto porque es un Consorcio, así que procedan nomás”. Fue la 1ra y última vez que hablé con él durante mi estancia en el proyecto.
Pero no me desanimé. Aunque al Puente no ingresó ninguno de los colegas ni amigos con quienes había estado meses atrás en el Aeropuerto, no fue difícil establecer sólidos vínculos con mis nuevos colegas, que beneficiaron nuestro día a día. Había una mezcla de supervisores jóvenes e ingenieros experimentados muy interesante. No llegué (ni llegaron) a identificarme en algún grupo puntual y por eso me fue fácil “fluir” tanto con la muchachada (habían practicantes y asistentes junior) como con la gente “de peso” (el gerente de proyecto, el residente, el jefe de oficina técnica, el administrador, etc). Mi jefe tenía mucho dominio de la parte mecánica y de montaje pero no así de la parte civil, y desde un principio y de manera natural me dejó establecer mi propia gestión de calidad para las obras civiles (incluyendo la incorporación de personal en apoyo mío). Creo que nos llegamos a complementar perfectamente. Lo anecdótico fue cuando GyM me llamó a inicios de marzo para ir a firmar contrato con ellos, y les dije que ante su excesiva demora había optado por incorporarme a COSAPI. Se lamentaron bastante pero no les quedó otra que “resignarse”.
Como la cosa anduvo “dominada” desde el principio, me matriculé en un programa de especialización en TECSUP y luego hice lo propio en un postgrado en la UPC (y luego en un 3er postgrado en ese año, mi enamorada andaba estudiando en España). En el interín, la empresa cumplió sus bodas de oro y lo celebramos con un cóctel en el hotel Los Delfines, día en que presentaron la nueva imagen corporativa (la cual no le gustó a nadie según una fugaz encuesta que realicé esa noche). Asimismo, como a pocos pasos quedaba el complejo deportivo de la Policía Nacional, jugábamos pelota todos los viernes por la noche lo cual contribuyó con mi buena salud. No faltaban por supuesto los “incidentes” durante el desarrollo del proyecto (incluyendo algunas diferencias de opinión con la Supervisión, alturadamente llevadas como corresponde), pero todos poníamos el hombro como debía hacerse y las cosas aterrizaban sin mayores problemas (algunos meses después de salir de la empresa me enteré que el del Puente fue uno de los pocos proyecto que, ese año, cerraron en azul y con una buena opinión de parte del cliente y de la Supervisión).
Nadie (ni mi familia) lo sabía pero, como una manera de tomar revancha con respecto de mi tan irregular desempeño académico, había fijado como uno de mis grandes objetivos convertirme en Jefe de Calidad de un proyecto importante (o Jefe de algún área funcional) antes de cumplir los 30 años (ya casi “raspaba” los 29 por esa época) y veía con cierta frustración que no estaba cerca de dicho propósito. Si, para ello, se requería de experiencia y conocimiento, yo sentía que había acumulado ambos (y lo seguía haciendo) y entonces no entendía por qué la oportunidad se demoraba en llegar. Incluso en la empresa donde me encontraba se venían abriendo algunos concursos internos en los cuales me inscribía pero de los cuales no recibía mayor novedad. Para ser sinceros, sentía cierta postergación. Es por ello que no dudé en enviar mi CV a las direcciones indicadas ante cada oportunidad interesante que solía encontrar. A mi contrato de 06 meses le quedaban poco más de 05 semanas para finalizar y de todas manera me tranquilizaba saber que mis 02 asistentes habían entendido los propósitos y pormenores de mi gestión y estaba seguro que ambos podían quedarse al frente en caso yo me retire (como sucedió finalmente para alegría mía… no fue necesario que incorporen a ningún otro especialista cuando comuniqué que no renovaría, además que las obras civiles ya estaban bastante avanzadas).
Una de las opciones a las que remití mi CV fue para postular como especialista en Calidad y Seguridad para una empresa inmobiliaria. El proceso lo llevaría a cabo una consultora cuyas oficinas se encontraban en Miraflores (donde serían todas las entrevistas). Cuando me convocaron para la 1ra entrevista, se nos comunicó a todo el grupo asistente que el proceso era largo y con 03 ó 04 entrevistas más para quienes llegaran a las instancias decisivas. No me amilané y asistí a cada convocatoria que me efectuaron. Y fue algo de otro mundo porque más que entrevistas se trataba de comentar sobre situaciones puntuales y participar de algunas actividades / taller. Eso me evidenció que la posición a cubrir ya no era tanto para una obra en particular sino para una oficina principal, con responsabilidad y autoridad mayores a las que hasta ese tiempo había tenido. Eso me animó más aún (me resultaba gracioso verificar que yo era el único que pasaba de ronda en ronda presentándose con una vestimenta propia de una obra, muy distinto al terno que llevaban puesto todos los demás “competidores” en cada reunión). Finalmente, me citaron para una última entrevista previa en donde se me comunicó que había quedado entre los 04 “finalistas”, quienes seríamos entrevistados por los gerentes de la inmobiliaria en cuestión, en sus oficinas principales.
La entrevista, como todas las anteriores, tocaba en hora de trabajo y puesto que era la última y decisiva salí casi escapando de la obra (del Puente) para tener el tiempo suficiente de ponerme terno y asistir lo más formal posible (me ponía uno después de mucho tiempo, me quedaba ajustado). Al ingresar a las oficinas de la inmobiliaria (10 minutos antes de la hora fijada) advertí que ya todos los demás finalistas se encontraban allí… supuse que era una mala señal llegar último pero por lo menos estaba dentro de la hora. Luego llegaron el gerente general, el gerente de construcción y los representantes de la consultora con quienes pasamos a la sala de reuniones principal. Según el orden pre-establecido, a mí me tocaría ser el último en responder a cada pregunta que soltaran y eso me parecía malo porque cualquier idea / respuesta que yo quisiera formular podría ya ser mencionada por algunos de los presentes… debía entonces ser muy rápido y puntual para encontrar las frases adecuadas sin repetir. Sin embargo, la entrevista no fue tan complicada: aunque los otros 03 finalistas tenían mayor edad y experiencia que yo, ninguno había participado directamente en una empresa inmobiliaria y/o constructora. Afloró entonces mi instinto asesino (era la oportunidad para barrerme a todos) y puse mucho énfasis sobre mi experiencia en calidad y seguridad en las constructoras donde me había tocado estar hasta esa fecha (que no eran desconocidas ni mucho menos). Yo sentía que había convencido a los gerentes y por ello me retiré tranquilo después de la entrevista. Y aunque tuve que pasar por otras 02 entrevistas fuera de programa (con un asesor de calidad del gerente de construcción y en un desayuno con este mismo gerente), finalmente se reveló aquello que por tanto tiempo había esperado: la consultora confirmaba, por correo y a todos los participantes del proceso, que yo había sido elegido por la inmobiliaria para ocupar esa nueva posición que habían creado (supervisor de gestión integrada) en relación a la nueva orientación que querían darle a los aspectos de calidad y seguridad en sus obras. El único detalle agridulce era que la confirmación de mi incorporación salió un 25 ó 26 de agosto, y mi contrato con COSAPI vencía a fin de mes. Pero una vez más aposté por la comprensión de la empresa y comuniqué a mi jefe (y al gerente de proyecto) que había decidido no renovar con ellos por haber recibido una oferta muy atractiva. Se lamentaron pero dieron el respaldo necesario a mi decisión, más aún cuando me comprometí a seguir asistiendo todos los sábados del mes siguiente, ya fuera de contrato, para brindar soporte a los 02 asistentes míos quienes se quedarían a cargo de mis funciones (y así lo hice).
La inmobiliaria tenía una 2da oficina principal ubicada en un moderno edificio en San Isidro (en el piso 08). Desde allí la vista era impresionante (simbolizaba cuán alto yo había llegado). Mi responsabilidad era liderar las sub-áreas de calidad y seguridad, siendo el jefe directo de los especialistas que se encontraban distribuidos en las 02 obras que a la fecha la empresa manejaba. Había que implementar un sistema integrado de gestión pues la inmobiliaria tenía la intención de ingresar a contratar con 3ros y con inversionistas diversos y para ello era vital poner orden a sus procesos internos. Se juntaban entonces mi interés por los sistemas integrados y por la dirección de proyectos. El arranque fue de lo mejor pero no demoraron en venir las complicaciones: aunque toda “mi gente” mostraba una buena experiencia tanto dentro como fuera de la empresa, el área de seguridad andaba bastante “castigada” en lo que se refería a salarios. Y la desazón era evidente… me la manifestaron apenas pudieron. Con los de calidad la cosa no era tan dramática pero era obvio que el mercado pagaba mejor y no dudarían en desviar su atención ante una buena oferta (y así fue… hoy, 01 año después, no queda ninguno de los ingenieros de calidad que yo encontré). Soy un convencido que cuando una persona anda descontenta no hace nada bien y por ello trataba de mitigar su descontento ofreciéndoles algunos conocimientos nuevos para ellos, lo que me significaba un mayor esfuerzo al planeado.
La planificación de mi sistema integrado de gestión se desarrollaba normalmente pero no tenía ningún apoyo… no había ningún otro supervisor especializado en normas internacionales de seguridad (que era el aspecto con que había decidido empezar). La lucha la llevaba prácticamente sólo y los resultados demoraban en conseguirse, básicamente porque me tomaba mucho tiempo en preparar material y capacitar a mi gente (de todas maneras, como diría John Lennon, es mejor tener un bajista (supervisor) que no sepa tocar (normas de gestión) que no tener ni eso). Pero la gerencia mostraba su impaciencia y en cierto sentido los comprendía. Para colmo de males, antes de finalizar el año se nos vino el inicio de otros 02 obras y como se demoró un poco la incorporación de especialistas de mi área, tuve que asumir directamente en las 1ras semanas (y las obras quedaban lejísimos ¡!!).
En esas condiciones era complicado proseguir. Entre enero y febrero terminé mi sistema de gestión de seguridad y salud y, aunque aún descontentos por el “corto” aumento que mis supervisores acababan de recibir, logramos implementar el sistema en las obras. Pero lo que se venía iba a ser 03 ó 04 veces más arduo: el sistema de gestión de calidad. Y yo sabía de antemano que buena parte de los especialistas iban a dejar la empresa (incluyendo la única ingeniera certificada como auditora). Era mejor curarse en salud, así que para sorpresa de todos (el tema de seguridad andaba bastante bien, dentro de las metas propuestas) presenté mi carta de renuncia luego de una conversación con mi jefe. No estaba en ese momento para exponer el esforzado prestigio que había logrado hasta el momento. Los comentarios al respecto fueron de todo tipo pero no había marcha atrás. La fecha fijada para dejar la empresa era el 31 de marzo, a 07 meses de haber ingresado. Por supuesto que no pensaba dejar la inmobiliaria sin tener nada entre manos… hubiera sido una locura. Mi situación familiar había cambiado bastante además y eso también había motivado mi alejamiento de la inmobiliaria (incluyendo una mudanza de por medio). Por lo menos me había dado el gusto de cumplir con uno de mis más preciados objetivos (ser jefe de área antes de llegar a la “base 03”), y la idea era ocupar una posición similar… tenía que seguir dando pasos adelante, aunque la coyuntura electoral (elecciones presidenciales) no ayudara a que las inversiones se definan…
… (esta historia continuará)

La Estrella Fugaz – parte IV

febrero 11, 2012

¡¡¡ Qué equivocado que estaba !!!.

Salvo un 1er comentario de la gerenta inicialmente “incómodo” (“aquí vas a ver el proyecto desde la otra orilla… espero que ahora entiendas nuestro malestar”) que luego comprobaría y terminaría por darle la razón, ninguno de los nuevos colegas se portó de mala manera conmigo y, por el contrario, me mostraron un forma de ser y de apoyarse que jamás hubiera apreciado (y disfrutado) de no haber ingresado a trabajar con ellos. El horario en LAP era de lunes a jueves hasta las 6pm y los viernes hasta la 1pm, lo que me permitía asistir íntegramente a mis clases en la universidad e incluso me matriculé en un postgrado (el 1ro de varios). Algunos colegas (aunque yo ya los sentía amigos) almorzaban en el comedor de la oficina (a lo cual me sumé) y cada viernes se juntaban grupos de 02 ó 03 que llevaban desayuno para todos. Mi posición me llevaba a tener que coordinar temas diversos con la mayoría de ellos y sirvió para que me conocieran también y me acogieran mejor aún. No faltaban desde luego algunos comentarios a modo de broma con respecto a mi pasado reciente pero jamás sentí mala leche en ellos. Celebramos el día de la madre y del padre en la oficina. Éramos como una familia y lo mejor de todo era que a pocos metros estaba Carlos, con quien la amistad se hacía más fuerte cada vez pese a que me lleva casi 20 años. Y así pasaban las semanas y los meses y en base a todas las comodidades y buenas maneras, aprobé con éxito los últimos 02 cursos que tenía pendientes y con ello finalizaba la universidad, por fin. Consideraba que dicho éxito había sido posible por la tranquilidad que me significaban las condiciones de trabajo que tenía en LAP y decidí celebrar y agradecer la finalización de mi carrera llevando desayuno para todos, yo solito, un viernes 24 de julio.

Los últimos proyectos ya casi finalizaban. Mi jefa quería seguir contando conmigo pero la gerencia central consideraba que ya no era necesario. Por lo menos mi contrato se extendió hasta setiembre (en total 07 meses), lo que me permitió también terminar el postgrado y culminar mi vínculo con LAP en buenos términos. No exagero ni soy zalamero cuando digo que ha sido la mejor experiencia laboral que he tenido en toda mi vida, y eso que las que le siguieron fueron altamente satisfactorias. Pero había que buscar alternativas antes de finalizar mi vínculo, para no quedarme en el aire e incluso en eso mi jefa me dio facilidades permitiéndome asistir a algunas entrevistas en horario de trabajo. Inicialmente tomé contacto con COSAPI (habíamos quedado bien, no había motivo para no dialogar), pero no lográbamos ponernos de acuerdo en algunos términos. Otra empresa medianamente conocida (para mí) se apareció de pronto, mostraron mejores reflejos (yo considero que el que te quiere de verdad, te va a buscar con interés y prontitud) y los términos los acordamos sin mayores problemas. Pero como mi corazón estaba (sigue estando) con COSAPI esperé un poco más pese a las innumerables llamadas y correos de la otra empresa convocándome a firmar contrato. Como el fin de mes se acercaba (fin de mi contrato en LAP) y estaba por iniciar una semana intensiva en el curso taller para aplicar como auditor líder en Calidad (que demandaba concentración y tranquilidad absolutas), y además que COSAPI seguía sin manifestarse (yo no soy de insistir), decidí firmar por la otra empresa que de todas maneras significaba una compañía grande y seria, a la medida de mis expectativas.

Había escuchado hablar de mi nueva empresa desde mi época en la concretera, pero mi concepto no estaba ni remotamente cerca de lo que en verdad era: una organización con matriz en España, certificada en los 03 sistemas de gestión más conocidos, con políticas y herramientas de gestión de lo más avanzadas (por lo menos para la realidad nacional), especializada en los campos de energía y saneamiento. Me tocó ir como ingeniero de calidad a un proyecto mediano, la construcción de canales a lo largo del valle del río Lurín. El staff compartía campamento con la organización de otro proyecto, el más importante de la empresa aquel entonces: el desarrollo del agua y desagüe para la localidad de Manchay. Por ello me tocó compartir oficina con los responsables de calidad, seguridad y gestión ambiental de dicho proyecto, que me triplicaban o cuadriplicaban en experiencia, en sus respectivas posiciones. Pero yo había pasado casi 02 años en el Aeropuerto (que no fue un proyecto menor), acababa de llevar un postgrado en Sistemas Integrados de Gestión y mi juventud (y ganas) compensaba la experiencia que me faltaba… de que iba a aportar, iba a aportar… así a mi proyecto le faltara sólo 01 mes para terminar.

Durante esas pocas semanas mi propósito fue no tanto hacer una gran labor (claro que no estafé tampoco) sino acostumbrarme a la empresa y a un nuevo ámbito, nuevos colegas, nueva idiosincrasia. Pero debo confesar, ya años después, que nunca llegué a encajar del todo, sin restarle a la empresa lo buena que era. Como repito, sólo 01 mes después de llegar finalicé mi labor en el proyecto de Lurín y estuve algunos días en la Oficina Principal en San Isidro sin hacer gran cosa (y sufriendo su aire acondicionado), hasta que se me comunicó que debía incorporarme como ingeniero de calidad a un proyecto de líneas de transmisión y subestaciones eléctricas en el centro del Perú (entre Carhuamayo y Cerro de Pasco). Iba a ser mi 1ra experiencia profesional en provincia, con todo pagado y con 20% de sueldo adicional, pero no estaba muy contento. Mi enamorada se puso muy triste, estábamos muy unidos para esa época y esa situación no estaba en los planes, pero lo tomamos con calma y me fui a Carhuamayo en bus, los 1ros días de noviembre. Ya en el proyecto encontré una situación complicada: habían algunos respetables esfuerzos por mantener en orden los procesos y la documentación, pero el retraso en dicho ordenamiento era agobiante. Me esperaban para “levantar un muerto”. La zona era fría y lluviosa, y corría un viento gélido pues era una meseta (la de Bombón). No había mucho que hacer en los ratos libres así que optaba por seguir trabajando. Recuerdo que se organizó un campeonato de fulbito y aunque al principio me consideraron, luego me “borraron” sin mayor explicación (repito, nunca terminé de encajar, no sé si con la empresa o con los proyectos, pero así fue). Para colmo de males, el régimen establecido era de 30×7 (que a la fecha se mantiene para todos los proyectos de esa empresa, lo que la convierte en poco atractiva), algo que por supuesto nunca acaté (bajaba por 02 ó 03 días cada dos semanas) y no me importó lo que opinaran. El jefe de obra parecía un hombre del cual iba a poder aprender bastante por los años que llevaba en proyectos similares pero poco antes de navidad le detectaron una extraña dolencia que le impedía estar en zonas de altura y se retiró del proyecto para buscar curarse en la capital, asumiendo entonces el mando el coordinador de control de proyectos, un ingeniero joven pero competente, el único en toda la empresa con certificación PMP (algo que en COSAPI ya era moneda corriente pero que en esa empresa era toda una novedad).

A principios de diciembre, a mi regreso de mi última bajada antes de las fiestas que se acercaban, la noticia era que, considerando las condiciones y la productividad del proyecto, el mismo haría una paralización por fin de año, desde el 22 de diciembre hasta el 02 de enero, facilitando entonces los planes personales de todos. Pero todo cambió conforme pasaron los días y se decidió que los días laborables entre navidad y año nuevo si se trabajarían, dejando en libertad a la gente si es que decidía ir y venir 02 veces en un lapso corto, sin reconocimiento económico de la empresa desde luego. Ese cambio de planes brusco no me pareció. Me molestó comprobar, una vez más, que las empresas (algunas) exigen el 200% a su gente pero luego dan y quitan sin sonrojarse. Esa situación completó el corto circuito que se estaba produciendo entre el proyecto y yo. Me fui de bajada (como todos) el 22 de diciembre y me aparecí en la obra el 03 de enero (sólo 01 coordinador de seguridad actuó como yo, los demás fueron bastante más “disciplinados”). Ni me importó que me descontaran los días que no había trabajado. Con semejante excusa (además que el proyecto ya estaba entrando a su etapa final, yo había llegado a medio camino), y con mi contrato por vencer en poco menos de 02 meses, mi partida era inminente. Así que empecé a ponerme en contacto con empresas y consultoras diversas para explorar otras posibilidades. Mi enamorada había decidido llevar un máster en España (aprovechando la media beca que había logrado) por lo que no era tan importante si debía trabajar en Lima o en Provincias. Pero antes de preparar su partida (la conocí en COSAPI y ella seguía trabajando allí), se había enterado de un proyecto que habían ganado, sobre la construcción de un puente y que iba a ser en Lima. En paralelo, yo venía recibiendo ciertas llamadas para efectuar entrevistas en Lima, las cuales pospuse todas ellas para mi siguiente bajada (a fines de enero). Una de las empresas interesadas era GyM, la más grande y de mayor facturación a nivel nacional. Me entrevistó una ingeniera Jefa de Calidad y yo mismo me asusté cuando dijo “tu currículum es muy bueno, como para un analista de calidad Senior”. El interés fue mutuo y quedamos en que se comunicarían conmigo (ya para firmar contrato), nada me hacía pensar que no lo iban a hacer.

Días atrás había enviado mi CV a COSAPI pues el susodicho proyecto del Puente me interesaba (a esas alturas, el plan era trabajar en Lima y estudiar algún postgrado en paralelo). También me llamaron de COSAPI y la entrevista con RRHH fue rápida, ya nos conocíamos (aún estaba Javier). Y me derivaron con el que iba a ser el gerente de proyecto, al que yo no conocía. La entrevista fue un tanto áspera, él tampoco me conocía y ni le interesaron mis experiencias en el aeropuerto y en Cerro de Pasco. El puesto al que yo estaba postulando (ingeniero de calidad civil) era único en su proyecto y él necesitaba las certezas del caso (lo cual no tiene nada de malo). Así que después de conversar en su cubículo  fuimos con el Jefe de Calidad de toda la empresa (¡otra vez!), a quien el gerente de proyecto le pidió que me evalúe para tomar una decisión definitiva. Yo imaginaba cierto recelo por haber dejado la empresa una año antes (para irme con el “incómodo” cliente) y por no haber cerrado acuerdo pocos meses atrás, pero una vez más me equivocaba: “Carlos, yo lo conozco a Ramiro y no tengo nada que evaluar. Si es por mí, tómalo y no demoren en contratarlo”. El gerente se convenció instantáneamente ante semejante muestra de respaldo, cerramos números rápidamente y me citaron a firmar contrato para principios de Marzo (era principios de febrero). Increíblemente GyM no me llamó en todo ese lapso (cuando, supuestamente, ya habíamos acordado y la posición debía cubrirse urgentemente… reitero que yo no soy de insistir), dejé la otra empresa “española” (sólo 05 meses después de empezar) un sábado de noche (tanto era el apuro por salir que, al no encontrar bus, me “jaló” un camionero desde Carhuamayo hasta La Oroya, en donde tomé el último colectivo de la noche) para llegar a casa un domingo 28 de febrero de madrugada y al día siguiente visitaba las oficinas administrativas de COSAPI para firmar mi contrato e incorporarme al nuevo proyecto, lo que significaba que volvía a mi casa, a mi escuela, con mi gente.

… (esta historia continuará)

La Estrella Fugaz – parte III

febrero 4, 2012

Si la perseverancia tiene un nombre, ese debe ser Javier Li. Por aquella época (diciembre de 2007) se desempeñaba en el área de Recursos Humanos de la empresa constructora COSAPI. Meses atrás, uno de mis mejores amigos, Juanca (también mi padrino de Tuna), se había contactado con otro amigo suyo que había sido profesor mío en la universidad (yo fui delegado de su curso) y entre temas diversos este amigo/profesor le había preguntado por mí. Juanca le indicó que recientemente había dejado la concretera después de un regular lapso de tiempo y este amigo/profesor le solicitó que me pidiera mi CV y se lo reenvíe, para evaluarlo. En aquellos días Juanca cumplió con el amigo/profesor y me indicó la dirección electrónica a la que debía enviar mi CV, pero como yo había empezado a trabajar (con bastante entusiasmo) en la academia y la experiencia anterior me había hecho dudar seriamente de la idoneidad de la carrera que venía estudiando no tenía mayor interés en vincularme a una constructora (qué lujo ¡!!). En una 2da oportunidad Juanca me repitió el tema y sólo por no ser mal amigo envié mi CV a este amigo/profesor, pero con un mensaje tan desalentador que hubiera espantado a cualquier empleador (ese era mi propósito, ¿pueden creerlo?). Finalmente el CV cayó en manos de Javier, que me convocó en una 1ra oportunidad, en setiembre, para una entrevista con el Jefe de Calidad de toda la empresa (ni siquiera sabía lo que significaba calidad ¡!!). Mi afán autodestructivo era tan grande que asistí a la entrevista con la intención de poner traba sobre traba y quedar tan mal que no fuera considerado para nada (que no jodan ¡!!), pero el jefe resultó una persona tan amena (además que las oficinas eran tan imponentes) que respondí a todas sus preguntas con mis propias palabras pero dentro de los conceptos que él esperaba (¿qué es un procedimiento?, ¿qué es una no conformidad?, ¿qué se establece para remediar una no conformidad?), aprovechando que había pasado 20 meses en la concretera, una empresa certificada en Gestión de la Calidad y con sus procesos bastante bien llevados. Resultaba que afuera en el hall había un 2do candidato pero el Jefe de Calidad me dijo claramente que lo recibiría sólo por puro respeto… yo era lo que él andaba necesitando.

Salí de la oficina muy asustado y sin saber en verdad qué hacer. El “salvavidas” fue que la posición a cubrir era en provincia y le comuniqué a Javier que eso imposibilitaba mi vinculación a la empresa, en lo que significaba una 1ra “choteada” (el verdadero motivo era que aún seguía en la universidad y por nada quería abandonar). Semanas después, en noviembre, Javier me volvería a llamar pero para incorporarme al área de Seguridad, a lo cual decliné pues en esa época no tenía la menor formación para asumir (pero el verdadero motivo seguía siendo el mismo), es decir, 2da “choteada”. Ahí supuse que jamás me volverían a llamar de COSAPI (increíblemente era lo que deseaba, andaba muy tranquilo en la academia), y por eso mi asombro con esa llamada del 26 de diciembre; era Javier, en tono totalmente categórico: “… Ramiro, te llamo porque creo que ahora si tengo un puesto para ti y en verdad necesitamos personal. Pero en 1er lugar dime si de verdad estás interesando porque esta va a ser la última vez que te llamo… Si te interesa, dime que si y ven hoy mismo en la tarde a mi oficina a explicarte sobre la posición.”. Mi 1ra impresión fue de duda y casi digo que no, pero más me ganó la curiosidad (y no tanto el interés de volver a la ingeniería) que dije que sí y pactamos para reunirnos según había dicho. El no tener clases programadas facilitó las cosas. Ya en su oficina, me explicó que necesitaban un supervisor civil de calidad para Lima, pues había arrancado semanas atrás el proyecto de ampliación y remodelación del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez, en su 2da fase (el cliente era Lima Airport Partners, LAP). No tenía ni idea, pero resultaba por aquellos tiempos el proyecto constructivo más importante en la capital. Javier me entregó una relación de documentos que debía juntar prontamente para poder iniciar, quedando en volver a reunirnos el día lunes 31 ya para firmar contrato. Cuando comenté la novedad en casa esperaba que se mostraran reacios pues yo mismo había asegurado que mantendría mi labor en la academia hasta lograr terminar la universidad (faltaban sólo 02 cursos) pero mi madre apuntó una de las mejores frases que me ha manifestado en su vida: “… hijo, aunque sabemos de tu situación, hay oportunidades que no se pueden dejar escapar”. Y fue así como junté los documentos necesarios, firmé mi contrato (como supervisor en COSAPI iba a recibir un salario mayor que como Jefe de Planta en la concretera) y pasé un año nuevo distinto, expectante de mi nueva posición. Iba a regresar a la ingeniería por la puerta grande, de la mano de una empresa de prestigio. Donde sea que te encuentres, Javier, mi agradecimiento eterno por haber apostado en mí pese a mis idioteces anteriores.

Ya en el aeropuerto todo era nuevo; jamás había participado directamente en un equipo de proyecto de construcción. Llegué poco después de las 7am a las oficinas y no había nadie aún, pero poco a poco fueron apareciendo los que serían mis colegas. Esperaba que me confirmaran la llegada del gerente de proyecto para reportarme ante él cuando una voz me sorprendió: “Tuna ¡!… eres de la Tuna, ¿verdad?”. Peter Castillo había llevado algunos cursos conmigo pero me recordaba mejor como Tuno. Yo lo recordaba poco y nada pero lo salude con calidez. Le expliqué que venía a sumarme al proyecto, al área de calidad, y esa sola palabra bastó para hacerme pasar al ambiente principal (repleto de módulos de oficina) hasta el sitio del Jefe de Calidad del proyecto, con quien me dejó para recibir mis 1ras instrucciones. Y el jefe se llamaba Omar Samaniego, quien a la fecha contaba sólo con 01 supervisor, Manuel Salvatierra (a quien siempre mantenía en la oficina). Fue difícil al principio lidiar con una cantidad de términos por mí desconocidos (en una oportunidad me solicitó “hazme un forward del schedule que aparece en este log”… o sea, what???) e incluso las 1ras semanas en campo andaba perdido, sin mayores indicaciones. Pero vencí el miedo inicial preguntando por cuanta duda me abordara y creo que a Omar eso le agradaba pues cada vez me brindaba mayor información y de utilidad inmediata. Además, las especialidades se diversificaban y yo seguía viéndolas todas (después de algunos meses llegarían refuerzos), y así seguía utilizando al proyecto como una verdadera escuela. Lo que no me cuadró del todo fue cuando Omar me asignó responsabilidades que a mi criterio eran exclusivas de él, incluyendo participar en reuniones con el cliente (la Gerencia de Infraestructura de LAP y el equipo de proyecto de COSAPI ya registraban ardorosas diferencias que posteriormente se volvieron insalvables). Pero una vez más (la última) Omar me demostraba que mi “disgusto” era infundado: no lo sabíamos, pero él se encontraba en proceso de renuncia y estaba tratando de empoderar a los supervisores en quienes más confiaba. Por ello me dejó a cargo, entre otras cosas, de gestionar todas las entregas de las obras culminadas, que no era un tema menor pues entraba a tallar el cliente aceptando o rechazando lo construido. Y un buen día de setiembre, Omar se despidió de nosotros con un jugo de naranja en el Starbucks. Por todo lo recibido en casi 09 meses, lo considero uno de mis 02 únicos mentores.

Llegaría un nuevo jefe y la cosa siguió caminando, pero ni pensar en llevar los 02 cursos que me faltaban. El proyecto me necesitaba a tiempo completo, como a todos los demás, y yo estaba sacándole el máximo provecho a esa experiencia. Mis intervenciones con el cliente también registraron algunas diferencias de pareceres, pero siempre traté que esas diferencias fuera alturadas y debidamente sustentadas. Para esa época (noviembre / diciembre) ya se me identificaba en el proyecto como un integrante notorio tanto para mi empresa como para los contratistas y el cliente e incluso entablé amistad con mi respectivo contraparte, Carlos Vargas, de quien soy amigo hasta ahora con mucho orgullo. Pero una noticia amenazaba los planes de todos: la burbuja inmobiliaria había reventado en Estados Unidos y Europa provocando una crisis de proporciones que definitivamente afectaría la ejecución de proyectos diversos a nivel mundial y el Perú no iba a ser la excepción. En ese contexto se desarrollaba el proyecto (por contrato, COSAPI debía finalizar su participación a finales de marzo 2009 y quedaban pocas semanas) y había que explorar posibilidades pues tenía previsto retomar si o si los cursos en el 1er ciclo del año entrante (abril) y para ello debía trabajar en Lima, y la empresa sólo ofrecía posibilidades en provincia. Dada la confianza, comenté el hecho con Carlos (1ra semana de febrero 2009) y su intervención fue obra de Dios: intercedió ante el Jefe de Supervisión de Proyectos de LAP para que me hicieran una oferta laboral, aprovechando que aunque COSAPI estaba por marcharse aún quedarían proyectos por ejecutar en el aeropuerto (que serían supervisados directamente por LAP)  y se estaba abriendo una posición para coordinador de calidad. Dicho jefe me entrevistó y el acuerdo fue rápido: debería pasar a LAP a partir del 01 de marzo y con un sueldo un tanto mayor al que percibía.

Por supuesto estaba contento de haber definido mi situación rápido y en condiciones insuperables, pero restaba lo más difícil: decirle a mi jefe que me permita renunciar en un lapso menor a los 30 días que obliga la ley y, lo que era “peor”, para incorporarme al staff del cliente, con quien la empresa había llegado a una situación casi de arbitraje por la cantidad y “color” de los desacuerdos. No pudo ser peor. Recibí feroces críticas incluso de mis amigos más cercanos. Recuerdo que en uno de mis últimos almuerzos grupales en COSAPI el gerente de construcción comentaba el destino de algunos quienes finalizaban su vínculo en febrero, y cuando tocó mi turno y al decirle que me iba a LAP, atinó a reírse pensando que era una broma (e insistiéndome “ya, en serio, ¿a qué proyecto te vas?” y yo reiterando mi destino una y otra vez). Al notar él que de mi rostro no había brotado ni media sonrisa, sólo atinó a guardar 05 segundos de silencio, decir “bueno, se respetan las decisiones”, levantar su plato aún con comida, ponerse de pie y retirarse raudo del comedor. Lo peor era que el gerente del proyecto se encontraba de vacaciones, pero la situación la tomó directamente mi jefe e intercedió para que me liberaran en la fecha solicitada (me gusto su comentario “LAP acaba de efectuar el fichaje del año”, dirigido a uno de los coordinadores del cliente). Incluso me reuní con el Jefe de Calidad de toda le empresa (el mismo de la entrevista año y medio antes) para explicarle mis motivaciones descartando cualquier anticuerpo para con la empresa (algo que repetí con el gerente de proyecto al retornar de sus vacaciones y darse de cara con la “novedad”, ya con mi nuevo chaleco de LAP). 14 meses después dejaba la empresa para unirme al cliente (que ahora se convertía en mi nueva empresa), con la idea fija en que, por haber tomado partido por COSAPI tantas veces, como me dictaba la conciencia, seguro encontraría más de 01 “colega” ávido por darme el vuelto.

 

… (esta historia continuará)

La Estrella Fugaz – parte II

enero 28, 2012

Habiendo dejado atrás (duramente) mi etapa Pitagorina, me concentré en explorar posibilidades  para practicar en mi carrera. Tener cursos pendientes en la universidad me dificultaba todo, pero aún así tenía que buscar. El nuevo ciclo había comenzado y en una de mis 1ras semanas me encontré en los pasillos de la facultad con un amigo que había egresado medio año antes y estaba practicando en una empresa concretera líder del mercado. Me comentó que andaban buscando practicantes para Lima y me animó a enviar mi CV. Así lo hice pero no recibí novedades hasta fines de agosto cuando me llamaron del área de Control de Calidad para una entrevista con el Jefe. Resultó que, en su momento, dicho Jefe  también había sido docente de matemática en academia y esa coincidencia facilitó, una vez más, que congeniáramos rápidamente y pueda acceder a la 2da y última entrevista con el Superintendente de Plantas. Aunque me descuadró cuando me preguntó si sabía correr porque días antes había muerto un obrero en una balacera en la planta a la cual me estaba destinando, no mostré mayores temores y resulté admitido restando sólo gestionar la documentación necesaria para iniciar. Esta demoró un poco (típica burocracia de universidad estatal) pero para la quincena de setiembre ya la tenía lista y así pude ingresar como practicante destacado a una planta de producción ubicada en el distrito de San Martín de Porres (llamada Planta Tomás Valle pues quedaba en esa avenida).

Yo creí que la cercanía con mi universidad me facilitaría las cosas pero no fue así: mi responsabilidad era asistir al Jefe de Planta a tiempo completo (eso era de 8am a 8pm mínimo) de lunes a sábado e incluso domingos y/o feriados en que hubiera producción (y, para colmo, hubo producción en los 03 feriados calendarios durante mi estadía en dicha planta). La rutina era rigurosa pero nunca me fastidió pues estaba por fin ligado a mi carrera, en una empresa grande y seria, y estaba aprendiendo bastante. Mi 1er jefe directo fue Fernando Paniagua, a quien reconozco como uno de los 02 mentores que tengo en la vida (el otro es Omar Samaniego), pues me ilustró clarito que la vida no era sólo desde La Molina hasta el Jockey Plaza, y que la base de todo es la actitud que muestras ante los jefes, colegas y/o subordinados. Aprendía tanto (incluso de los conductores, técnicos y operadores) que no me molestaba trabajar domingos y/o feriados (creo que, incluso, era un placer).

Me sentía contento y cada vez más seguro (¿suena conocido?) pero, como nada es para siempre, fui transferido a otra planta (más grande, ubicada en El Agustino) a principios de diciembre pues se habían quedado sin asistente (había ingresado junto a mí pero no le habían renovado). No entendía por qué éramos 02 en esa nueva planta (también habían destacado a otro practicante), pero llegamos a algunos “acuerdos” para no estorbarnos entre nosotros y colaborar mutuamente (yo sabía más de operaciones y él sabía más de calidad). El cambio era de por sí inmenso (una planta con el doble de producción que la anterior) y no terminaba de acomodarme (ni una semana entera) cuando se me comunicó el notición: Planta San Juan (la planta más importante de toda la empresa y donde están ubicadas también las oficinas administrativas y los talleres de mantenimiento) se estaba por quedar sin practicante (pues este se había titulado y estaba siendo contratado por otra empresa) y alguien debía asumir esa responsabilidad. La “bomba”, entonces, recayó en mí.

El traslape fue rápido, apenas 02 días (01 semana antes de navidad). Y así, sin darme cuenta, había subido 02 veces de “categoría” en menos de 10 días. Ya en San Juan la cosa fue diferente: habían 25 choferes, 02 plantas de producción, 04 técnicos y todas las demás áreas de la empresa que llamaban a mi jefe todo el día (por celular y fijo), incluyendo gerentes y superintendentes. Además, en esa planta se capacitaba a los nuevos choferes y técnicos, se recibían visitas diversas, se coordinaba con el área de bombas y programación, se hacían demostraciones de shot-crete y nuevos productos, etc. El ritmo era casi cardiaco y había que dar la talla. Además, todos los sábados se daban charlas al personal a las 06:30am, a las cuales yo debía asistir necesariamente (y muchas veces las dirigí, sin presencia de mi jefe).

Yo seguía aprendiendo semana a semana, mes a mes, pero veía con preocupación que todos los practicantes más antiguos que yo recibían la oportunidad de ser contratados ya como jefes de planta mientras que yo permanecía postergado. Definitivamente el no tener los cursos culminados influía pero sentía que no sólo era eso. Esa situación provoco que mi actitud no fuera la misma de siempre e incluso me llevó a tener más de un “encontrón” con el Jefe (su permanente mal carácter y su ínfimo respaldo tampoco ayudaban mucho). Hacia principios de octubre ya había pensado seriamente en dejar la empresa (o por lo menos pedir un cambio de planta) pero la cosa fue distinta: mi Jefe fue súbitamente cambiado de planta, lo cual significaba que me hacían un inmenso favor, indirectamente. Pasaron entonces por San Juan otros 02 Jefes por un cortísimo período hasta que llegó el que estaba definitivamente nominado, Sergio Arciniega, quien había efectuado su formación como Jefe de Planta en el verano anterior precisamente en San Juan y de quien hablaban pestes tanto sus colegas como los asistentes de la superintendencia (luego comprobé que esa forma de referirse iba dirigida a todo aquel que no estuviera dentro del “círculo sobón” del Superintendente). Yo ya había empezado a caer en el mismo juego faltoso incluso antes que él llegara como mi jefe (por ello mi 1ra impresión al saber de su pronta llegada no fue la mejor), pero bastó ser dirigido por él durante sólo un mes (noviembre) para saber lo equivocado que estaba: Sergio me mostró lo excelente que es como persona, jefe y amigo, e incluso “presionó” al Superintendente para que se me fuera asignado un cargo de mayor nivel que el de practicante. Y dio resultados, pues antes que culminara ese mes el Superintendente se apareció en la oficina de planta (Sergio no estaba) para comunicarme que tanto yo como Rodrigo Ugarte (gran amigo mío, entonces practicante en El Agustino) seríamos prontamente contratados como Asistentes Operativos, un puesto recientemente creado a la medida de las verdaderas funciones que, como practicantes, desarrollábamos día a día.

Pero no duré ni 15 días como Asistente Operativo… por esas épocas se iniciaba el boom inmobiliario en Lima y, sumado a los proyectos de envergadura que la concretera ya tenía comprometidos en provincia (Melchorita, Platanal), se hacía necesario incorporar más jefes de planta. Como formar un jefe no era una tarea sencilla (administrar la producción de concreto requiere de ciertas competencias especiales que sólo te lo da la experiencia), se decidió que tanto Rodrigo como yo pasáramos a ser jefes de las plantas que se estaban instalando precisamente en algunos complejos inmobiliarios en Lima. Recuerdo haber pasado por obras en Surco, San Luis y Bellavista en períodos cortos, hasta que otros practicantes fueron también “sumándose a la causa”. Al mejor estilo de Enrique Iglesias, “… todo pasó tan rápido, que ni cuenta me dí…”. Y eso no es tan fácil de sobrellevar para un joven de 25 años con poca experiencia en entornos complicados. Ser jefe de planta supone una exposición mucho mayor con stakeholders(*) diversos, lejos de la comodidad de un practicante. Sumado a que las obligaciones se fueron multiplicando (llegué a manejar 03 plantas a la vez sin que la Superintendencia mostrara el mínimo pudor) y que las condiciones no eran las mejores (trabajaba de 7am a 11pm, a veces 12pm ó 01am inclusive lo que me provocó una afección pulmonar por la exposición a la humedad limeña), la posibilidad de caer en algún error era inmensa. Y así sucedió. Y aunque la responsabilidad no era enteramente mía (nunca se llegó a analizar la verdadera causa raíz), aprendí que la cuerda siempre se rompe por el lado más débil: me comunicaron que mi contrato de 06 meses (que terminaba en mayo 2007) no sería renovado. Ni la intervención de Sergio (a título personal, ojo) logró revertir la situación. Con ello hice felices a todos los integrantes del “círculo sobón”, y aunque pensé en mandar todo al diablo sin esperar mi último día de contrato, decidí ser mejor que ellos y culminar dignamente mi gestión, incluyendo el traslape con el nuevo jefe (el cual había retornado después de haber sido invitado por el Superintendente a renunciar luego de dejarse robar una camioneta en una noche de discoteca, aunque la versión “oficial” decía que fue encañonado con un arma camino a su casa).

Sin exagerar, yo había planificado el resto de mi vida alrededor de lo que la concretera me ofrecía, y por ello no es difícil imaginar que el mundo se me vino abajo con la novedad. Mis padres trataron de animarme pero mi  pesar era absoluto: nuevamente me quedaba sin trabajo y sin carrera concluida; nuevamente había que volver a empezar en desventaja (por lo menos, así me sentía). Mi liquidación me alcanzó para vivir sin trabajar 02 meses (no habría podido hacerlo, mis ánimos estaban en el piso), y cuando el bolsillo empezaba a pedir auxilio vi en un anuncio dominical que una organización educativa ubicada a sólo 03 cuadras de mi casa estaba solicitando asesores de matemática para escolares, preuniversitarios y universitarios inclusive. Era una manera decente de volver al plano laboral, además que me permitía ganar un salario prácticamente líquido al ir y venir a pie y tomar mis alimentos en casa. Recuperado el entusiasmo incluso me matriculé en 02 cursos de la universidad (para qué abarcar más) y hasta en el inglés a las 7am de lunes a viernes. La academia era una empresa familiar (colaboraban el papá, la mamá y los 02 únicos hijos, ambos varones) y no fue difícil, entonces, mantener un clima laboral de primera, muy distinto a las miserias sufridas en mi trabajo anterior. Pasó setiembre, octubre, noviembre y el año casi finalizaba con un buen desempeño mío en la academia y con la indicación de los dueños de planificar las actividades del año venidero. Me encontraba dictando una de mis últimas clases del año (recuerdo bien la fecha, 26 de diciembre) cuando sonó el celular y aunque mi política era no interrumpir una clase por una llamada (recibía muy pocas), me animé a hacer una excepción, y contesté la llamada que cambiaría mi vida… para siempre.

 (*) interesados en un proyecto, actividad, etc.

 

… (esta historia continuará)

La Estrella Fugaz – parte I

enero 21, 2012

Todavía recuerdo el domingo aquel del 2003 (en Julio, si la memoria no me falla) cuando regresaba a casa después de haber rendido una evaluación para ingresar a la escuela de profesores de la organización Trilce (que agrupa una gran cantidad de colegios y academias). Desde hacía unos años atrás había tratado de aprovechar, por períodos, mi enorme facilidad con los números a fin de ofrecer mis servicios como profesor / asesor para escolares y pre-universitarios, a quienes visitaba en sus hogares a cambio de 10 soles la hora (a veces menos). Para el citado año, creía estar preparado para el siguiente nivel, y eso significaba formalizar mi servicio de dictado intentando ser profesor de academia (dicho sea de paso, seguía estudiando en la Universidad y la ausencia de logros concretos facilitó que desviará mi atención hacia la docencia, como tantos otros “cerebritos” matemáticos).

Semanas atrás había divisado la convocatoria de Trilce para tal fin, y me animé enseguida. Debía elegir una sola materia para dictar (pues esas eran las reglas), así que opté por la Trigonometría en la que tan bien me había ido antes de ingresar a la UNI (luego me enteraría que era la ciencia matemática con menos postulantes de esa convocatoria). Ese domingo almorzamos en familia (como todo fin de semana) y no hicimos mayores comentarios al respecto (no me gusta entrar en detalle sobre proyectos personales en proceso). Luego yo me fui a Chosica puesto que teníamos una presentación con la Tuna (en la cual yo era novato en esa época, pero es tema de otro blog), auspiciada por la Municipalidad y con invitados extranjeros incluso (de Bolivia y México). Luego de la tocata nocturna (como de costumbre) vino la celebración en el club de la FAP (que cordialmente nos cedieron para departir y pernoctar, a la cual se nos unió el alcalde, gran amigo de mi familia paterna por casualida) y al día siguiente el regreso a Lima, que no pudo ser mejor pues telefónicamente me comunicaban, en el camino, que había sido admitido a la Escuela de Profesores 2003.

La capacitación se realizaría en el local de San Miguel (justo frente a la extinta Feria del Pacífico, donde ahora gobiernan imponentes Edificios Residenciales, un Tottus, SODIMAC y otros comercios menores). Los meses siguientes fueron de aprendizaje constante (que comenzó en Agosto): había que asistir por lo menos 02 veces en la tarde entre lunes y jueves, y los días viernes ser evaluado mientras dictábamos un tema teniendo como auditorio a los demás capacitados y como evaluadores a reconocidos profesores de la organización. Para la mayoría era una experiencia nueva y enriquecedora pues compartíamos salón con especialistas en biología, literatura, álgebra, historia universal, etc. Pero poco a poco, por motivos distintos, el grupo inicial de casi 80 personas se iba reduciendo cada vez más. Incluso en trigonometría (mi curso) llegué a encontrarme solo luego de haber sido 05 los admitidos inicialmente. Yo seguía invirtiendo mi tiempo en ello (compartido con la Tuna y la Universidad, en ese orden para ser sinceros) pues aprendía mucho acerca de qué tono de voz usar, hacer analogías, aproximación, vocalización, movimientos con el cuerpo, uso de tizas (colores), reglas, etc., cosas que me sirven incluso hasta la fecha.

Pero mi interés también decayó promediando Noviembre. Ya eran 03 meses seguidos y restaban aún otros 04 para ser admitidos como profesores, quienes culminaran por supuesto. Y entonces vi en un anuncio que la academia Pitágoras convocaba a concurso para su propia escuela de profesores, siendo la evaluación escrita el 1er domingo de diciembre. Ofrecían sólo 03 meses de preparación (enro – marzo) para luego pasar a dictar y me animé de inmediato. Además, yo había sido alumno de esa academia y en ella había aprendido mucho de la vida y del saber, en ese orden, así que era una forma de devolver lo recibido. Aprobé el examen escrito como esperaba y restaban las evaluaciones psicológica y de pizarra, cada cual con carácter eliminatorio, que debían ser en días distintos a principios de diciembre.

La evaluación psicológica fue la 1ra de ese tipo que pasaba en toda mi vida, y estaba muy nervioso, pero con la procesión por dentro (rasgo característico en mi). Incluyó una entrevista final con la psicóloga en donde evidencié mis deseos de pertenecer a la Academia y mi sincero interés por ayudar a los alumnos a superarse. Eso debe haberme ayudado pues apr0bé la evaluación y días después tocaba la prueba de pizarra, en la que tenía como evaluadores a los más bravos de la trigonometría, algunos de ellos habían sido profesores míos un quinquenio atrás cuando andaba preparándome para ingresar a la universidad. Tenía que escoger un tema y exponerlo. Había llegado hasta ese lugar valiéndome sólo de mí mismo (con lo poco o mucho que eso significara), pero para aprobar el examen de pizarra necesitaría algo más, así que opté por aplicar todo lo que había aprendido en las casi 40 sesiones de capacitación y en las 15 ó 16 evaluaciones períodicas por las que me había tocado pasar en Trilce. Mi clase de prueba tuvo de todo: colores bien definidos, buena letra y de tamaño adecuado, una mini-historieta de introducción, buen tono de voz, un tema que nadie más tocó, etc. Veía satisfacción en los evaluadores, la cual se replicó en mí cuando me comunicaron 03 días después que había sido admitido en la Escuela de Profesores. Decidí entonces dejar Trilce y tomar lo de Pitágoras, pues me aseguraba llegar a Abril 2004 siendo docente.

Las fiestas de fin de año se acercaban cuando mi celular timbró (estaba en casa): era la directora académica de Pitágoras. Yo me preocupé, pero dejé que exponga la inquietud motivo de su llamada luego de saludarla: “… Estimado profesor Castro. Hemos recibido muy buenas referencias de la evaluación de pizarra que brindó días atrás y lo felicitamos. Puesto que los ciclos de verano están a punto de abrir y tenemos cierto déficit con profesores de su curso (trigonometría), queremos consultarle si estaría dispuesto a pasar por una nueva evaluación de pizarra. En caso de ser aprobado, usted estaría siendo admitido ya como Docente para inicar labores la 1ra semana de enero en algunos de nuestros programas…“. Yo me puse nervioso y hasta asustado, pero me tranquilizó bastante saber que en caso no aprobar dicha evaluación yo proseguiría en la Escuela de Profesores sin ningún inconveniente. Acepté pasar la prueba: debía otra vez escoger un tema y exponerlo. Esta vez tocó que me evaluara sólo el Jefe de la Plana de Trigonometría (que ya había estado en el grupo evaluador anterior), a quien reordaba como un profesor novato en mi época pre-universitaria. Me agradaba saber que tan lejos había llegado. Creo que ese hecho curioso de, en ese momento, ser yo el novato así como él lo fue años atrás facilitó la exposición y evaluación… me aprobó sin mayor rollo y de esa manera recomendó mi inmediata contratación como docente, saltando con garrocha la escuela de profesores. Me contrataron formalmente 01 semana antes de navidad (pro 1ra vez conocía de cerca cosas como “recibo por honorarios”, “RUC”, “contrato de trabajo” y demás yerbas).

Ya como docente, me programaron clases en los más variopintos distritos de Lima: así como me tocó estar en San Miguel también estuve en San Juan de Miraflores, y así como estaba en San Martín de Porres, frente a la UNI (opté por seguir un curso de verano, el cual pasé con 10.0), también me mandaron a Comas, a las 08:00 am !!!!!  (yo vivía en La Molina y no había Metropolitano aún). Pero todo me sirvió. Arranqué con algo suave, 16 horas semanales para nivelación escolar (3ro, 4to, 5to de secundaria), distribuidos en todos esos locales, como programas de verano. Recuerdo incluso haber dictado una clase con muletas por haberme lastimado el tobillo el día anterior en una pichanga (ya se imaginarán el espectáculo incluyendo mis viajes en combi). Me pagaban quincenalmente, 10 soles por hora sin descuentos. La tan ansiada libertad económica por fín había llegado. Desde aquel verano, 08 años atrás, nunca más volví a pedirle dinero a mis padres para nada más, lo cual les significó un alivio pues ese “apoyo” era muy necesario en esa época difícil. Incluso aproveché más aún mis ganancias y estudié un cursillo en SENCICO.

Pero los programas de verano acabarían y yo, docente novato en una organización inmensa, no había entregado mi disponibilidad para los semestres regulares que se venían con la anticipación del caso. Me programaron sólo 06 horas semanales para el período Abril – Julio (todo para el Anual San Marcos, que al menos ya significaba un avance en mi nivel). Mis horas (y mis honorarios !!) aumentaron para el 2do semestre del año y al verano siguiente (2005) otra vez nivelación escolar, para volver al semestral en abril de 2005. Cada vez me daban más horas, cada vez cobraba más, cada vez me sentía más cómodo y seguro como docente (incluso en menos de 02 años había llegado a la Sede Central), pero cada vez me iba peor en la universidad (ver mi blog “Cachimbo a los 27…”) y, para mayor fatalidad, me iba alejando de la especialidad que había escogido (ingeniería civil), en una época en que todos los amigos con quienes había ingresado en el año 1998 ya habían egresado o estaban por hacerlo, la mayoría con buenas ofertas laborales por su buen rendimiento.

Así la pasaba en Julio de 2005 (vacaciones tanto del trabajo como de la universidad) cuando tomé una difícil decisión: pese a la seguridad, pese a la buena paga, pese al status, debía renunciar a la Academia y buscar opciones dentro de mi carrera (una de las desiciones más dolorosas que he tomado en toda mi vida). Debía comenzar de cero (en mi caso, de “negativo” dado que aún no había culminado la Universidad). No había estado más que año y medio en la Academia y ya debía despedirme. Pasaba de ser “algo” a ser “nada” a una edad en que la cosa debería estar bastante clara.

 

(… continuará)

Deber cumplido !!!

octubre 11, 2010

“No considero bien que lo hagas… la tuya es una visión romántica de las cosas”. Con dicha frase, mi madre manifestaba su opinión categóricamente contraria a mi desición de participar de manera activa en las elecciones del 2001, en que votaría por 1ra vez en mi vida. Seguro tenía razón, pero por enésima vez debía tomar una desición que me dejaba en minoría, sustentado en mi criterio.

Los peruanos, electoralmente hablando, solemos ser una caja de Pandora. Esto no es una novedad, por supuesto. Hace 20 años nos dimos el lujo de elegir a un ignoto Alberto Fujimori (que ya ni se sabe si es peruano o si es japonés) por encima del laureado (ya lo era en ese entonces) escritor MarioVargas Llosa. Como ya se ha visto, 02 décadas después el tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar. Además del citado ejemplo, podemos mencionar los comicios del 2006, en que ajustadamente se logró vencer a Ollanta Humala y su trasnochado nacionalismo-chavismo, resignándonos a ponerle la banda presidencial nuevamente a Alan García. Aunque, seamos justos, su gobierno no ha sido el desastre que muchos temíamos, sin dejar de tener, claro, sus propìos “anticuchos” (petroaudios y otras yerbas). Y no puedo dejar de mencionar que Susana Villarán y los “lobos” que la rodean están a punto de ingresar a la Municipalidad de Lima, de no ser por alguna sorpresa de último minuto con las actas observadas (prefiero pensar en la honorabilidad del JNE y no en “fraude”).

Este extraño comportamiento electoral que a muchos nos provoca un gran desencanto ya era vigente 10 años atrás. El país se encontraba en proceso de transición, con Valentín Paniagua a la cabeza, después de la renuncia por fax desde Japón del dictador Fujimori y la fuga de su socio Montesinos. Las elecciones generales habían sido convocadas para abril del 2001 y ya se avizoraban algunas candidaturas. Hacia el verano de dicho año, las cosas estaban más claras: Alejandro Toledo, Lourdes Flores y Alan García (recién llegado de su autoexilio) se encontraban en las preferencias del electorado. Por una cuestión de principios me era imposible siquiera pensar en apoyar al ex-presidente debido a la catástrofe que significó su ochentero mandato (algo que tuve que obviar 05 años después ante la amenaza humalista: voté por la estrella tapándome la nariz). La abogada y ex-congresista tenía ideas interesantes, pero no me terminó de cuajar su binomio Drago Kisic – José Risco: era la suma de 02 ideas opuestas e irreconciliables. Es así que el líder de la marcha de los 04 suyos (una de las cuatro patas en que se apoyó el derrumbamiento de la dictadura fujimontesinista) asomaba como una buena opción junto a su entonces carismática esposa.

Supongo que, a los 19 años, la vehemencia es una propiedad. También el idealismo y sus variantes. Estaba plenamente convencido que no sólo debía apoyar con mi voto al candidato de mi preferencia, sino que era un deber cívico y hasta moral participar activamente del proceso en búsqueda del triunfo final. No fue difícil, entonces, aceptar inscribirme como militante en la Base 01 de La Molina, perteneciente al partido Perú Posible, que además se ubicada a contadas cuadras de mi casa. Mi intención era colaborar en las diversas actividades proselitistas (pintado de muros, colocación de carteles, etc) y partidarias (asambleas de base, reuniones juveniles). No creo ser un iluminado pero mis habilidades comunicativas me significaron un “status” distinto, por sobre el promedio de los jóvenes que esa base reunió. Y casi sin pensarlo terminé como secretario de organización de juventudes, secundando a Sandro Guerrero quien fungía de secretario de juventudes en mérito a su prolongado “tiempo de servicio”. Ya al frente, organizamos algunas fiestas pro fondos, clases de matemática gratuitas (yo enseñaba), reuniones con otras bases en el distrito y coordinábamos frecuentemente con los secretarios de la base, entre quienes nos llamábamos “hermanos” (así como algunos se dicen compañeros, correligionarios, etc).

Las semanas trasncurrían y yo andaba contento. Sentía que estaba colaborando con la causa (que Toledo salga elegido presidente). Ni el “escándalo” de Zaraí me amilanaba. Y sentí un instante de enorme felicidad cuando me confirmaron, días antes de la 1ra vuelta, como personero en el Colegio Nacional 1140 de Molicentro, que quedaba a escasas 02 cuadras de mi lugar de votación (Colegio Newton)… ¡¡ por fin un aporte concreto fuera del ámbito de la Base 01!!. Nos preparamos durante 03 días para cumplir a cabalidad, como el deber mandaba. No recuerdo otro momento en mi vida en donde el civismo haya estado tan a flor de piel.

Para la 1ra vuelta, además de Perú Posible, sólo Unidad Nacional dispuso de personeros, al menos en el lugar que me tocó. Recuerdo haberme levantado a las 06:30 ese domingo y haber llegado en taxi al Colegio 01 hora después, para entregar mis credenciales y participar de la apertura de la mesa de votación. Resultó que el 3er miembro, una dama, no se había presentado (un cáncer crónico en nuestra sociedad), y su lugar lo pasó a ocupar el resignado y puntualísimo 1er suplente. El presidente de la mesa en que me tocó ser personero tenía un aspecto imponente y una mirada perturbadora, incluso maquiavélica diría. No podía ser de otra manera para alguien llamado Alejandro Delgado Caferatta, hijo del reconocido broadcaster. Me facilitaron 01 silla muy cerca a los miembros de mesa y desde ella debía verificar que el proceso se llevará con normalidad (algo que felizmente ocurrió). Sólo descuidé mi inmejorable posición para salir a votar sin mucha demora, a eso de las 2pm. No nos lo habían dicho, pero a los personeros del partido, al menos a los de la Base 01, nos entregaron unas viandas a modo de almuerzo, que resultaron insuficientes para mi voraz apetito. El personero de Unidad Nacional se apareció tan sólo para efectuar el conteo final, pasadas las 4pm, y llevarse su acta. No era difícil prever que su candidata obtendría ventaja en el distrito, pero la votación por Toledo no fue exigua tampoco. Entregué el preciado acta a mi coordinador de local y me fui a casa a descansar en lo que restaba del día pues a la mañana siguiente comenzaba una nueva semana de clases. Desde mi cama observé henchido de orgullo que Alejandro Toledo pasaba a la 2da vuelta con más del 30% de votos, mientras que el otro lugar se lo peleaban Lourdes y Alan, quien finalmente acompañaría a Toledo.

Para la 2da vuelta el rito se repitió casi tal cual. Esta vez no fue necesario reemplazar a ningún miembro de mesa. El Apra también había dispuesto personeros pero de forma menos organizada. El que accedió a mi mesa debía votar en La Victoria, por lo que no estuvo durante el proceso completo aunque al menos llegó para recibir su acta. Cumplí nuevamente con entregar la mía al coordinador, que era Sandro (para ese entonces podía considerarlo ya un amigo), y ambos nos confundimos en un perpetuo abrazo cuando me dió la buena nueva a boca de urna: por poco, pero Toledo había derrotado a Alan García (aunque me quedó la sensación que con 10 días más de campaña el Apra nos borraba feo). El regreso a casa fue más feliz que nunca.

Pasadas las elecciones y la toma de mando, sentía que el deber estaba cumplido. Nuestro candidato era el flamante jefe de estado encomendado en orientar el país por un rumbo mejor después de la escandalosa dictadura. En la Base 01 seguían las asambleas y actividades, pero consideraba que ya casi no tenían sentido. Mi ímpetu se fue calmando, o más bien diluyendo. Sandro accedió a la secretaría de juventudes de todo el distrito, encargándome la de la Base 01, pero ya no sentía la misma motivación que en el verano. Y así, en silencio, del mismo modo que llegué, me fui. Por primera vez había tomado partido por una opción electoral en que consideraba valía la pena esforzarse y el resultado fue exitoso. Me volvería a concentrar solamente en mis cursos llevándome la emoción de todas aquellas cosas vividas.

Creo haber dignificado la labor de un personero, pues jamás tuve la intención de obtener algún beneficio personal por mi participación. Lo hice de todo corazón y lo volvería a hacer en caso nuevamente la democracia así lo exija. Es por eso que no estoy de acuerdo con los insultantes conceptos que durante la última semana ha manifestado el irreverente Jaime Bayly acerca de esta labor. Cosas como “los personeros son aquellos pilluelos que sólo sirven para la trafería” y no se que otras chambonadas del mismo color calan hondo en el sentir de quienes lo fuimos de la manera más honesta posible. Pero, como esto es democracia, el Sr. Bayly puede seguir hablando así si lo desea… el que ríe al último ríe mejor y espero verlo como candidato en los comicios del 2011 como él mismo se ha encargado de hacernos saber. A ver si contínua tan valiente cuando esté en el ardor de la batalla, porque es muy fácil lanzar improperios y ensuciar honorabilidades sentado en el cómodo balcón que noche a noche le ofrece un canal de televisión. A los bravos, se los ve en la cancha !!!

Happy Birthday… to me !!!

septiembre 20, 2010

Cuenta la leyenda que mi tía Alcira, la hermana mayor de mi madre, había dispuesto un almuerzo con familia y amigos para festejar su santo un 19 de setiembre de 1981, en Huancayo (ciudad donde vivía con su familia, igual que mi papá, mamá y hermana mayor por coincidencia laboral nada más). Pero se tuvo que optar por un plan de emergencia dado que decidí venir al mundo justo ese mismo día. Mi tía, entonces, pasó su cumpleaños atendiendo y ayudando a mi mamá, que acababa de alumbrar a su 2do retoño, al que decidieron llamar Ramiro Guillermo (por mi papá y abuelo paterno).

**********

No guardo fotografías de mis primeros cumpleaños… presumo que al ser sólo 04 en la familia (hasta ese entonces), viviendo en ciudades distintas a la de los abuelos, el festejo debió ser más bien íntimo. Pero si guardo los festejos de mis cumpleaños número 04, 05 & 06 por ejemplo. Siempre rodeado de amigos del jardín (o de la escuela pues entré ahí a los 05), con globos, payasos, una piñata más grande que yo. Incluso se me ve con tez clara y cabello lacio… irreconocible, jajaja. Pero por sobre todo se me ve feliz. Encontré también fotos de mi 10mo cupleaños (el último que pasaría fuera de Lima). Torta helada y una vela tremenda, una deliciosa cena, los tios, primos, amigos. En fin, yo creo que cada cumpleaños vivido fue reflejo de la mejor etapa de mi vida, mi infancia-niñez vivida netamente en ciudades de nuestra sierra, en donde la vida parecía pausada, absurda, feliz. Recuerdo los paseos a la laguna de Paca, a Fongal, a Cerrito… posteriomente la Quinta de los abuelos (o bisabuelos), la piscina, el estadio El Olivo, los desfiles escolares, etc. Todo ello, y más, contribuyó a que mi corazón se quedará enclavado para siempre entre Huancayo y Abancay. Años después pude regresar, claro, y tan sólo respirar su aire trajo a mi mente la nostalgia de aquel pasado maravilloso que no se borra aunque la actualidad nos muestre un rostro menos amigable.

**********

No se cómo sucedió, pero con el correr de los años (la pubertad, la adolescencia) mi cumpleaños fue significando, para mí, algo cada vez más exclusivo, o más bien excluyente. Sentía que el mes completo era para mí, que la fecha central era el 19, y que sólo lo relacionado a mí debía tener cabida en las conversaciones de casa. Y aunque durante los primeros años en Lima no hice gran cosa cuando tocaba mi cumpleaños, si ansiaba y lograba enfocar a la familia sólo en el hecho de contentarme. Recuerdo las zapatillas TROOP de 120 dólares a los 12, con luces en la zuela incluidas. O el jean, camisa y casaca que obtuve a los 14, algo similar a los 15 (que también la pasé muy enfermo, dicho sea de paso). Y a los 16, en pleno 5to de media, una reunión (por fin !!!) en casa, con la promo entera, que incluyó cena, baile y cuba libre (¿¿nos estaríamos preparando para la fiesta de promo??). Era 1997 y sentía que el mes de mi santo era el boom. Nadie podía osar “fallarme”… la concentación hacia mí debía ser completa, y así se venía manejando. Y eso estuvo mal porque tanto dulce a uno lo puede empalagar.

**********

Mi hermana menor debía bautizarse si o si en 1998 y mi tía, su madrina, vivía lejos, por lo que había que escoger una buena fecha. Yo estaba, en marzo, a punto de rendir mi examen de ingreso a la UNI y se tocó el tema en un almuerzo. Setiembre pintaba bien porque mi tía podía venir, además, para pasar el cumpleaños de 02 de sus hijos. “Advertí” que no tocaran la fecha de mi cumple (caía justo en un tentador día sábado) no con pocas sospechas y algo de furia. Mi padre me increpó de inmediato: “nadie está hablando de fechas y tu ya haces problemas, ¿qué te suede?”. Lo dejé ahí… para mi mala suerte.

Poco se comentaba en casa del tema a fines de agosto y mi tía ya preparaba el viaje. Los días pasaban, empecé clases en la universidad y noté un “movimiento” inusual en mi hogar. Yo sospechaba por cierto, pero mantenía la esperanza. Todo se derrumbó cuando escuché a mi mamá hablar por teléfono, sola, en su cuarto, con unos familiares a quienes invitaba “para este sábado, 19, bautizo de Dianita. Si, se que es santo de Ramirito, pero ni modo, no hay otras fechas. Ok, los espero. Muchos cariños”. Vi su cara de pavor cuando se dió vuelta y mi rostro lo decía todo. No hicieron falta las palabras (no hubieran servido de nada). Sólo atiné a encerrarme en mi cuarto, maldiciendo mi suerte. ¡¡ No podía ser… mis propios padres me fallaron, pese a las advertencias !!. No quería saber nada. Decidí que no iba a soportar, por ejemplo, que alguien asista al bautizo, felicite a mi hermanita y a mi me ignore en el mismísimo día de mi santo. No estaba “preparado” para no ser el centro absoluto de atención. No quería ceder nada, ni un centímetro. Y como no podría haber obtenido todo la atención que hubiera deseado, opté por no recibir ninguna. Inventé un “urgente” trabajo grupal en la UNI para ese sábado, y “huí” de casa a las 11am. “¡¡Que se jodan, que se queden con su bauticito!!”… no recuerdo haber llorado en una combi tanto como ese día. 

A todo golpe le sigue su curación. Tan sólo unos días antes había empezado a frecuentar a la novel Tuna de mi Universidad, y el recibimiento fue excelente. Decidí seguir yendo entre clases. Así que me fui rumbo al local central, cerca de mi facultad. Era sábado y había ensayo general. Conocí a todos los demás que no había saludado aún. Cantamos, tocamos, reímos. Todo bien. Y fue conmovedor cuando me dedicaron una canción sólo para mi, pues un amigo había filtrado que ese día era mi santo. Ya eran casi las 6pm y el ensayo se acababa. No quería volver a casa, había planeado llegar lo más tarde posible. Pero tampoco tenía otro lugar más o menos seguro a dónde ir. Así que se hizo inminente el retorno. Eran las 7.30pm y aún había celebración en mi casa. “¡¡ Rayos !!”. Ni modo, apenas igresé a la sala todos acudieron a saludarme por mi santo… algunos con un regalo. Mis papás se contentaron al verme y me ofrecieron la cena. Aún así seguía fastidiado y no puse reparos cuando mis primos mayores me avisaron que mi regalo era una noche de discoteca (¡¡ mi primera noche de discoteca !!). A mi madre no le cuadró pero hubiera ido aún sin su aprobación. Todavía estaba furioso. No me divertí bailando esa noche… pero por lo menos no estuve en casa. Así de inmensa era mi decepción.

**********

Para mis 18, 19, 20, 21 hubo fiesta en mi casa, con los primos, primas, amigos de la universidad. Era todo un ritual ir con mi mamá a la misma tienda de siempre, a escoger entre ambos las bebidas y bocaditos que ofrecer. También lo era juntar los últimos hits del momento. Eran eventos que daban para comentarlos varios días después de ocurridos, y para que los inasistentes se “arrepintieran en el alma”. Creo que con esas cosas “perdoné” la “afrenta” de años atrás. Así un año tras otro hasta que la intrascendencia se volvió a apoderar de mi santo. Para mi cumple 24 estaba realizando mis primeras prácticas y cayó un lunes que tuve que ingresar a la Planta a las 7am y salir a las 10pm… para “colmo” mi hermana se había casado el sábado anterior… imposible hacer nada por festejar. Para los 25 fue peor… entre y salí casi parecido de la planta (¡¡ seguía de practicante !!) y andaba muy peleado con el jefe. Y para los 26, siempre en día de semana, me la pasé dictando clases de 8am a 10pm (y mi mamá andaba de viaje). No podía ser, algo debía hacer. Se acercaba el sábado y eso pintaba bien, pero no contaba “con la astucia” de mi sobrina… nació un viernes 21 y me tiró abajo el plan. Por tercera vez seguida debía pasar mi cumple en la sombra.

Pero eso que ocurrió fue buenísimo. Aprendí, por fin, que no era el único ser humano en la tierra… el mundo no podía girar a mi alrededor. Tomé con serenidad ese hecho. Supongo que fue parte de una madurez tardía pero real. No me dolió no hacer nada por mi santo. Aprendí a ser feliz con poco, pero al menos junto a los míos. Ya admití que setiembre ya no será nunca más mío (quizá el 19 si)… ahora les pertenece a mis sobrinos Adriano (04) y Sabrina (21), de quien soy padrino de bautizo. Aún así la he pasado bien en los últimos años: almuerzo con los colegas de la oficina, varios regalos de parte de mis hermanas y el infaltable karaoke sabatino que tanto me gusta. Mi cumpleños 29 me acaba de sorprender en un excelente momento laboral y académico, junto a mi familia, a mi novia, a nuestros anhelos, ideales, esperanzas. Casi ya dejando la base 02 me considero más tranquilo y más adulto. No tengo, por tanto, reparos en “compartir” e incluso ceder a mis sobrinos el mismo mes (y el mismo día, si alguna vez es necesario). Total, hace 29 años yo le “robé” la celebración a mi tía Alcira y ella nunca se ha quejado… ni siquiera cuando me olvido saludarla.

Caminante, no hay camino… lo ocupan las combis !!!

agosto 30, 2010

Aunque algunos opinen que tener un automóvil es un lujo, yo lo considero una herramienta de trabajo e incluso de estudio. También lo considero parte de un status mínimo que uno debe conservar cuando va ascendiendo en la vida. Parecido a comprar una casa, inscribirse en un club o frecuentar ciertos sitios novedosos. Pero así como todo lo mencionado, no debería significar, desde luego, una complicación financiera… debe hacerse en un momento apropiado, como toda inversión seria y planificada.

De no ser por mi primo Iván, quien propuso sacar a su nombre un crédito para poder comprarme un auto, seguro me hubiera sido muy difícil llevar los postgrados que a la fecha he desarrollado (entre otras cosas por supuesto). Tan sólo pensar en salir del trabajo día a día con la hora ajustada, teniendo que tomar taxi desde muy lejos a cada tanto, o tener que soportar cada inconducta de choferes y cobradores de combi me produce arcadas. Así venía siendo hasta setiembre de 2008, cuando mi firme desición, mi aversión por el transporte público, mis siempre ordenadas aunque poco holgadas finanzas y la ya mencionada participación precisa de mi primo me significaron el Chery S21 (un auto chino desconocido pero rendidor) que vengo usando a diario. Sabía, en ese entonces, que iba a estar en obra (por mi formación en ing. civil) durante los próximos años. Ello implicaba someter a mi futuro auto a condiciones difíciles (polvo, tráfico, zonas lejanas e inseguras), y por eso me animé por un modelo económico, que no me de pena ”maltratar” un poco, y que tenga un buen espacio interior para llevar a la familia. Todo bien… hasta ahora.

Concuerdo cuando señalan que el problema de la inseguridad en la capital no es sólo la de los adultos que integran bandas organizadas para delinquir como medio de vida. También se debe tener en cuenta a la juventud, y niñez, que llegan al mundo en medio de familias disfuncionales y que se forman en medio de un entorno caótico… crecen junto al crimen como un deporte que luego aflora de maner natural. No hay elección, es la vida que les toca vivir, ajena al respeto por la gente o la propiedad privada. Cuando están en grupo su instinto violento se agudiza incluso. Peor aún cuando notan al presencia de la autoridad o de un bando contrario a sus “ideas” (que no son más que la presencia compartida en el barrio, una hinchada rival, el colegio vecino, el que enamora a la hermana, etc). Y en medio de ello estamos nosotros, quienes solemos sufrir impotentes e indignados las consecuencias.

Un parabrisas siniestrado por un grupo de desadaptados que huían de la policía en plena avenida Alfonso Ugarte, viernes a las 7pm, me va a obligar a viajar en transporte público durante 10 días cuando menos (porque, como resulta más seguro, debo reponerlo con un parabrisas original. Además, no se ingresan autos al taller sabados ni domingos, menos aún el lunes que es feriado). Eso, además, de los 150 dólares que costará la reparación, una clase de postgrado perdida y el susto por lo que pudo haber significado un daño personal que felizmente no es (tuve suerte después de todo)… y con lo que me gusta ir en combi !!.

Ya lo hice, en realidad, ayer sábado, puesto que tuve que asistir a la recuperación de una clase de postgrado, además de efectuar algunas compras personales. Cada viaje que he tenido que realizar me recordó los motivos por los que compré el auto. Manejar en Lima es de osados, y uno lo puede comprobar al volante o de a pie. La falta de respeto hacia el peatón está generalizada como “principio fundamental”… ya no hay por donde caminar. La desesperación por avanzar hace que los conductores  invadan aceras, vías para ciclistas, estacionamientos, rampas, etc. La peor cuota de caos la imponen las combis (amén de lo incómodo que resulta viajar en un espacio tan reducido). Por su tamaño no les es difícil maniobrar como señalé. Eso se suma a que en cada semáforo es común verlos con medio vehículo sobre la línea de parada (algunos incluso distribuyen todo su volumen sobre el crucero peatonal, llamada también “cebra”). Cerrar el paso es moneda corriente, y dar el vuelto (acelerar para alcanzar y cerrar al “agresor”) también. Los buses y camiones no escapan a ello. “Aprovechan” sus notorias dimensiones para sembrar miedo y obtener preferencia. Y los taxis… ay los taxis !!!. En resumen, las calles son una selva en donde todos luchan (luchamos) para sobrevivir. 

La novedosa norma que incluirá multas a los malos peatones me parecía una medida necesaria desde hace tiempo. Pero la fiscalización a quienes usan a diario, caminando, veredas y calzadas debería ir acompañada por una supervisión de proporciones parecidas hacia los conductores, pues sus temerarias acciones nos obligan (lamento incluirme), a veces, a olvidar la educación vial y “fluir” como se pueda. Así pues, estamos mal conductores, peatones y autoridades. Urge una “terapia” conjunta para recuperar la ética, que no es otra cosa que hacer lo que plazca con respeto a las normas y a los demás.

Visto el panorama, me parece, aún así, que la cosa va a mejorar pues noto una mayor predisposición de todos los actores, ya sea por el “roche” de ser detectados o por un genuino autoconvencimiento. El Metropolitano ha costado millones y no sorprendería que haya significado el engrosamiento de algunas cuentas bancarias personales… se investigará en su momento. Pero no deja de significar un aporte. Cada vez son más los colegas y familiares de quienes escucho las bondades del servicio. Aunque, claro, una golondrina no hace el verano. Sea como sea, no se puede perder la fe en la gente… recordemos que la esperanza es lo último que se deja de lado. Confío en poder comprobar ese cambio de actitud en breve, más aún sabiendo que me sobrarán ocasiones para hacerlo como espectador privilegiado desde la ventana de una custer o combi… tal vez el parabrisas a pedacitos no sea producto de un “pirañón” del Cercado de Lima, tal vez es obra de Dios que me pide pisar tierra con un baño de realidad, y una forma de renovar mi esperanza de un futuro mejor, “acompañado”, eso si, de 150 dólares menos en cómodas 36 cuotas.

Cachimbo a los 27…

agosto 12, 2010

Vuelvo después de muchas lunas a este mi blog. Lo hago así puesto que este año mi ritmo de vida me impide detenerme mucho tiempo para hacer algo distinto, lo cual no necesariamente me aburre. Es más, podría decir que las ultimas vivencias vienen siendo espectaculares.

Cuando uno tiene 16 años y ha decidido su vida desde hace 04 lo que se avecina en la vida parece más fácil. Mientras la mayoría de adolecentes no tenía ni idea de qué estudiar al concluir el colegio, yo sabía con mucha anticipación que lo mío era la ingeniería civil, dada la facilidad que me representaban las ciencias matemáticas (algo que aún me acompaña felizmente). Incluso desde los 12 ó 13 mis familiares más cercanos, papás, tíos, fijaron en mi subconciente que mi destino era la UNI, de todas maneras… se convirtió entonces en un objetivo semiobsesivo, la posibilidad única, negándome entonces la oportunidad de explorar otras alternativas. La UNI o muerte, era la consigna. Y a mí me pareció bien. Si lo decían ellos era por algo bueno.

Fue así que, luego de un semestre en el centro preuniversitario, ingresé finalmente a dicha casa de estudios. Me di cuenta rapidamente que mi facultad era (y sigue siendo) la más grande, la más bonita y la mejor organizada. También noté desde el inicio que los comentarios que en pasillos preuniversitarios abundaban eran ciertos: la UNI era “tranca” para ingresar, y peor aún para mantenerse. Había que ser aplicado. Confié entonces en mi excelente performance durante la secundaria, pero no tardaría mucho en desengañarme.

Para alguien que se mantuvo siempre entre el 1er y 2do lugar de su salón escolar, jalar Física I significó un choque emocional terrible (después vendrían más). Pasado el trauma inicial, los ciclos posteriores me mantuvieron “a media tabla”, destacando, eso si, en los cursos de matemática pura. Todo bien, o todo regular, durante los primeros años. Puntos más, puntos menos, trataba de no quedarme atrás con respecto a mis mejores amigos. Había sido un escolar aplicado, de casualidad no podía haber sido.

********************************************************

Creo que lo peor que le puede pasar a un ser humano, camino a su formación definitiva, es pasar de forma anacrónica por las distintas etapas naturales de la vida. A mi me sorprendió mi momento inconciente, “relajado” e irreverente a los 22 años (justo después de mi 1ra y más grande decepción amorosa). De aquel muchachito considerado y concecuente quedaban apenas retazos. La universidad me fue importando cada vez menos (¿para qué seguir esforzándose en algo que aún no me era de utilidad?), mientras otras inquietudes ocupaban mi mente. En medio del torbellino, a principios de 2004, inicié el 1er trabajo formal de mi vida: docente en una academia preuniversitaria. Y a medida que los meses avanzaban, mientrás mejor me iba en el trabajo peor me iba en los estudios. Los cursos en que me matriculaba eran siempre más horribles que los anteriores (de los cuales la mitad terminaba repitiendo, claro). El respeto que me ganaba mientras le daba la espalda a la pizarra con tiza (o plumón) en mano se diluía velozmente cuando me sentaba frente a ella (de ahí mi lema: “mi éxito depende del lado del telón en que me toque estar”). Lo peor vendría luego: habían pasado los años y mi familia, como es lógico, esperaba atentamente mi pronta graduación.

No encuentro error más grande en la vida que el no  saber cómo enfrentarlos y solucionarlos. Con la vergüenza a diestra y el cinismo a siniestra, oculte a todos mi desgracia personal, pensando que en algún momento hallaría la solución. Nada más falso. Lo peor de todo era que me seguía yendo bien laboralmente (lo cual me cegaba): había ingresado a practicar mi carrera (¡¡por fin!!)) en una empresa lider en el pais. Pero la carrera seguía postergada. Y así estuvo casi 02 años más, incluso ya había salido de la empresa en cuestión.

Las situaciones extremas ayudan a tomar conciencia. Me vi forzado a confesar mi particular “agonía” un domingo a medianoche (justo en medio de una semana como pocas: el tenis peruano clasificado al grupo mundial, Fujimori extraditado, mi 26avo cumpleaños, el nacimiento de mi única sobrina). Fue una medida extrema. No tenía otra manera de explicar cómo podía darme el lujo de rechazar la oportunidad de ingresar a una empresa TOP en la ingeniería peruana justo cuando más lo necesitaba. El motivo era que la posición obligaba a viajar a provincia, y yo me encontraba, secretamente, llevando en Lima algunos de los cursos que me faltaban para acabar.

Fue como destapar una olla a presión. Lo que más me dolía era confirmar la decepción de los míos. Pero no mediaron reproches sino mas bien recomendaciones y una llamada al orden. Creo que ese fue el punto de inflexión. Parado ahí, con mi hermosa sobrina (ahora también ahijada) de apenas 02 días de edad en mis brazos, me prometí a mi mismo tomar suficiente vuelo y concluir de una buena vez lo que estaba pendiente. Y vaya que resultó complicado porque se trataba de estudiar y trabajar a la vez (mi estilo de vida me obligaba ya a trabajar  a tiempo completo para mantenerme).

Dios existe y puedo dar fe. Todo mi desbarajuste autocausado debería haberme “condenado” a tener que contentarme con trabajos mediocres y en pésimas condiciones. Pero no fue así. Cada cambio de trabajo que me ha tocado vivir ha sido para mejorar las condiciones anteriores, mientras el esfuerzo desplegado para estudiar rendía frutos. Y así, 11 años después de haber pisado la universidad por primera vez, pude decir al fin “meta cumplida”.

******************************************************************

Nada que se logra a destiempo es gratificante. A mi no me significa ninguna alegría recordar todo ello. Si tengo que hacer un resumen de mi vida universitaria pues lo colocaría entre mis peores experiencias. Pero de todas maneras me ha servido como puerta de ingreso al mundo laboral en que me desempeño y que me genera alegrías a cada tanto. Adicionalmente, desde hace un tiempo he podido seguir especializaciones y postgrados con muy buen rendimiento. Me he dado cuenta que me interesan los sistemas de gestión y gerencia de proyectos. Incluso obtengo notas en mis evaluaciones que pocos años atrás hubieran sido un sueño. Le he agarrado el gusto al estudio y ahora siento que no puedo vivir sin capacitarme, sin aprender cada vez más cosas relacionadas a los campos ya citados. Si se dice que la universitaria es la etapa de vida en que uno se forma de manera definitiva para el futuro pues yo siento que dicha etapa la estoy viviendo ahora. Fui un “cachimbo” de 27 años que pasó los otros 26 decidiendo lo que quería seguir… y no me arrepiento del pasado porque siento que todo ello, lo bueno, malo y feo, ha hecho posible que me encuentre justo donde estoy, disfrutando de un hobbie por el cual me pagan (y nada mal). Con la autoestima, respeto y temple recuperados sólo queda seguir andando y “tragarme” el mundo entero…

Esto no es más que un relato de vida que espero les sirva como ejemplo de lo que uno NO debe hacer en situaciones complicadas. No me avergüenza lo vivido, pero por supuesto no lo recomiendo. No siempre tiene uno la bendición de caer parado al saltar del avión sin paracaidas… lo mejor sería, desde luego, no tener que llegar al extremo de saltar.


Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.