La Estrella Fugaz – parte II

enero 28, 2012

Habiendo dejado atrás (duramente) mi etapa Pitagorina, me concentré en explorar posibilidades  para practicar en mi carrera. Tener cursos pendientes en la universidad me dificultaba todo, pero aún así tenía que buscar. El nuevo ciclo había comenzado y en una de mis 1ras semanas me encontré en los pasillos de la facultad con un amigo que había egresado medio año antes y estaba practicando en una empresa concretera líder del mercado. Me comentó que andaban buscando practicantes para Lima y me animó a enviar mi CV. Así lo hice pero no recibí novedades hasta fines de agosto cuando me llamaron del área de Control de Calidad para una entrevista con el Jefe. Resultó que, en su momento, dicho Jefe  también había sido docente de matemática en academia y esa coincidencia facilitó, una vez más, que congeniáramos rápidamente y pueda acceder a la 2da y última entrevista con el Superintendente de Plantas. Aunque me descuadró cuando me preguntó si sabía correr porque días antes había muerto un obrero en una balacera en la planta a la cual me estaba destinando, no mostré mayores temores y resulté admitido restando sólo gestionar la documentación necesaria para iniciar. Esta demoró un poco (típica burocracia de universidad estatal) pero para la quincena de setiembre ya la tenía lista y así pude ingresar como practicante destacado a una planta de producción ubicada en el distrito de San Martín de Porres (llamada Planta Tomás Valle pues quedaba en esa avenida).

Yo creí que la cercanía con mi universidad me facilitaría las cosas pero no fue así: mi responsabilidad era asistir al Jefe de Planta a tiempo completo (eso era de 8am a 8pm mínimo) de lunes a sábado e incluso domingos y/o feriados en que hubiera producción (y, para colmo, hubo producción en los 03 feriados calendarios durante mi estadía en dicha planta). La rutina era rigurosa pero nunca me fastidió pues estaba por fin ligado a mi carrera, en una empresa grande y seria, y estaba aprendiendo bastante. Mi 1er jefe directo fue Fernando Paniagua, a quien reconozco como uno de los 02 mentores que tengo en la vida (el otro es Omar Samaniego), pues me ilustró clarito que la vida no era sólo desde La Molina hasta el Jockey Plaza, y que la base de todo es la actitud que muestras ante los jefes, colegas y/o subordinados. Aprendía tanto (incluso de los conductores, técnicos y operadores) que no me molestaba trabajar domingos y/o feriados (creo que, incluso, era un placer).

Me sentía contento y cada vez más seguro (¿suena conocido?) pero, como nada es para siempre, fui transferido a otra planta (más grande, ubicada en El Agustino) a principios de diciembre pues se habían quedado sin asistente (había ingresado junto a mí pero no le habían renovado). No entendía por qué éramos 02 en esa nueva planta (también habían destacado a otro practicante), pero llegamos a algunos “acuerdos” para no estorbarnos entre nosotros y colaborar mutuamente (yo sabía más de operaciones y él sabía más de calidad). El cambio era de por sí inmenso (una planta con el doble de producción que la anterior) y no terminaba de acomodarme (ni una semana entera) cuando se me comunicó el notición: Planta San Juan (la planta más importante de toda la empresa y donde están ubicadas también las oficinas administrativas y los talleres de mantenimiento) se estaba por quedar sin practicante (pues este se había titulado y estaba siendo contratado por otra empresa) y alguien debía asumir esa responsabilidad. La “bomba”, entonces, recayó en mí.

El traslape fue rápido, apenas 02 días (01 semana antes de navidad). Y así, sin darme cuenta, había subido 02 veces de “categoría” en menos de 10 días. Ya en San Juan la cosa fue diferente: habían 25 choferes, 02 plantas de producción, 04 técnicos y todas las demás áreas de la empresa que llamaban a mi jefe todo el día (por celular y fijo), incluyendo gerentes y superintendentes. Además, en esa planta se capacitaba a los nuevos choferes y técnicos, se recibían visitas diversas, se coordinaba con el área de bombas y programación, se hacían demostraciones de shot-crete y nuevos productos, etc. El ritmo era casi cardiaco y había que dar la talla. Además, todos los sábados se daban charlas al personal a las 06:30am, a las cuales yo debía asistir necesariamente (y muchas veces las dirigí, sin presencia de mi jefe).

Yo seguía aprendiendo semana a semana, mes a mes, pero veía con preocupación que todos los practicantes más antiguos que yo recibían la oportunidad de ser contratados ya como jefes de planta mientras que yo permanecía postergado. Definitivamente el no tener los cursos culminados influía pero sentía que no sólo era eso. Esa situación provoco que mi actitud no fuera la misma de siempre e incluso me llevó a tener más de un “encontrón” con el Jefe (su permanente mal carácter y su ínfimo respaldo tampoco ayudaban mucho). Hacia principios de octubre ya había pensado seriamente en dejar la empresa (o por lo menos pedir un cambio de planta) pero la cosa fue distinta: mi Jefe fue súbitamente cambiado de planta, lo cual significaba que me hacían un inmenso favor, indirectamente. Pasaron entonces por San Juan otros 02 Jefes por un cortísimo período hasta que llegó el que estaba definitivamente nominado, Sergio Arciniega, quien había efectuado su formación como Jefe de Planta en el verano anterior precisamente en San Juan y de quien hablaban pestes tanto sus colegas como los asistentes de la superintendencia (luego comprobé que esa forma de referirse iba dirigida a todo aquel que no estuviera dentro del “círculo sobón” del Superintendente). Yo ya había empezado a caer en el mismo juego faltoso incluso antes que él llegara como mi jefe (por ello mi 1ra impresión al saber de su pronta llegada no fue la mejor), pero bastó ser dirigido por él durante sólo un mes (noviembre) para saber lo equivocado que estaba: Sergio me mostró lo excelente que es como persona, jefe y amigo, e incluso “presionó” al Superintendente para que se me fuera asignado un cargo de mayor nivel que el de practicante. Y dio resultados, pues antes que culminara ese mes el Superintendente se apareció en la oficina de planta (Sergio no estaba) para comunicarme que tanto yo como Rodrigo Ugarte (gran amigo mío, entonces practicante en El Agustino) seríamos prontamente contratados como Asistentes Operativos, un puesto recientemente creado a la medida de las verdaderas funciones que, como practicantes, desarrollábamos día a día.

Pero no duré ni 15 días como Asistente Operativo… por esas épocas se iniciaba el boom inmobiliario en Lima y, sumado a los proyectos de envergadura que la concretera ya tenía comprometidos en provincia (Melchorita, Platanal), se hacía necesario incorporar más jefes de planta. Como formar un jefe no era una tarea sencilla (administrar la producción de concreto requiere de ciertas competencias especiales que sólo te lo da la experiencia), se decidió que tanto Rodrigo como yo pasáramos a ser jefes de las plantas que se estaban instalando precisamente en algunos complejos inmobiliarios en Lima. Recuerdo haber pasado por obras en Surco, San Luis y Bellavista en períodos cortos, hasta que otros practicantes fueron también “sumándose a la causa”. Al mejor estilo de Enrique Iglesias, “… todo pasó tan rápido, que ni cuenta me dí…”. Y eso no es tan fácil de sobrellevar para un joven de 25 años con poca experiencia en entornos complicados. Ser jefe de planta supone una exposición mucho mayor con stakeholders(*) diversos, lejos de la comodidad de un practicante. Sumado a que las obligaciones se fueron multiplicando (llegué a manejar 03 plantas a la vez sin que la Superintendencia mostrara el mínimo pudor) y que las condiciones no eran las mejores (trabajaba de 7am a 11pm, a veces 12pm ó 01am inclusive lo que me provocó una afección pulmonar por la exposición a la humedad limeña), la posibilidad de caer en algún error era inmensa. Y así sucedió. Y aunque la responsabilidad no era enteramente mía (nunca se llegó a analizar la verdadera causa raíz), aprendí que la cuerda siempre se rompe por el lado más débil: me comunicaron que mi contrato de 06 meses (que terminaba en mayo 2007) no sería renovado. Ni la intervención de Sergio (a título personal, ojo) logró revertir la situación. Con ello hice felices a todos los integrantes del “círculo sobón”, y aunque pensé en mandar todo al diablo sin esperar mi último día de contrato, decidí ser mejor que ellos y culminar dignamente mi gestión, incluyendo el traslape con el nuevo jefe (el cual había retornado después de haber sido invitado por el Superintendente a renunciar luego de dejarse robar una camioneta en una noche de discoteca, aunque la versión “oficial” decía que fue encañonado con un arma camino a su casa).

Sin exagerar, yo había planificado el resto de mi vida alrededor de lo que la concretera me ofrecía, y por ello no es difícil imaginar que el mundo se me vino abajo con la novedad. Mis padres trataron de animarme pero mi  pesar era absoluto: nuevamente me quedaba sin trabajo y sin carrera concluida; nuevamente había que volver a empezar en desventaja (por lo menos, así me sentía). Mi liquidación me alcanzó para vivir sin trabajar 02 meses (no habría podido hacerlo, mis ánimos estaban en el piso), y cuando el bolsillo empezaba a pedir auxilio vi en un anuncio dominical que una organización educativa ubicada a sólo 03 cuadras de mi casa estaba solicitando asesores de matemática para escolares, preuniversitarios y universitarios inclusive. Era una manera decente de volver al plano laboral, además que me permitía ganar un salario prácticamente líquido al ir y venir a pie y tomar mis alimentos en casa. Recuperado el entusiasmo incluso me matriculé en 02 cursos de la universidad (para qué abarcar más) y hasta en el inglés a las 7am de lunes a viernes. La academia era una empresa familiar (colaboraban el papá, la mamá y los 02 únicos hijos, ambos varones) y no fue difícil, entonces, mantener un clima laboral de primera, muy distinto a las miserias sufridas en mi trabajo anterior. Pasó setiembre, octubre, noviembre y el año casi finalizaba con un buen desempeño mío en la academia y con la indicación de los dueños de planificar las actividades del año venidero. Me encontraba dictando una de mis últimas clases del año (recuerdo bien la fecha, 26 de diciembre) cuando sonó el celular y aunque mi política era no interrumpir una clase por una llamada (recibía muy pocas), me animé a hacer una excepción, y contesté la llamada que cambiaría mi vida… para siempre.

 (*) interesados en un proyecto, actividad, etc.

 

… (esta historia continuará)

La Estrella Fugaz – parte I

enero 21, 2012

Todavía recuerdo el domingo aquel del 2003 (en Julio, si la memoria no me falla) cuando regresaba a casa después de haber rendido una evaluación para ingresar a la escuela de profesores de la organización Trilce (que agrupa una gran cantidad de colegios y academias). Desde hacía unos años atrás había tratado de aprovechar, por períodos, mi enorme facilidad con los números a fin de ofrecer mis servicios como profesor / asesor para escolares y pre-universitarios, a quienes visitaba en sus hogares a cambio de 10 soles la hora (a veces menos). Para el citado año, creía estar preparado para el siguiente nivel, y eso significaba formalizar mi servicio de dictado intentando ser profesor de academia (dicho sea de paso, seguía estudiando en la Universidad y la ausencia de logros concretos facilitó que desviará mi atención hacia la docencia, como tantos otros “cerebritos” matemáticos).

Semanas atrás había divisado la convocatoria de Trilce para tal fin, y me animé enseguida. Debía elegir una sola materia para dictar (pues esas eran las reglas), así que opté por la Trigonometría en la que tan bien me había ido antes de ingresar a la UNI (luego me enteraría que era la ciencia matemática con menos postulantes de esa convocatoria). Ese domingo almorzamos en familia (como todo fin de semana) y no hicimos mayores comentarios al respecto (no me gusta entrar en detalle sobre proyectos personales en proceso). Luego yo me fui a Chosica puesto que teníamos una presentación con la Tuna (en la cual yo era novato en esa época, pero es tema de otro blog), auspiciada por la Municipalidad y con invitados extranjeros incluso (de Bolivia y México). Luego de la tocata nocturna (como de costumbre) vino la celebración en el club de la FAP (que cordialmente nos cedieron para departir y pernoctar, a la cual se nos unió el alcalde, gran amigo de mi familia paterna por casualida) y al día siguiente el regreso a Lima, que no pudo ser mejor pues telefónicamente me comunicaban, en el camino, que había sido admitido a la Escuela de Profesores 2003.

La capacitación se realizaría en el local de San Miguel (justo frente a la extinta Feria del Pacífico, donde ahora gobiernan imponentes Edificios Residenciales, un Tottus, SODIMAC y otros comercios menores). Los meses siguientes fueron de aprendizaje constante (que comenzó en Agosto): había que asistir por lo menos 02 veces en la tarde entre lunes y jueves, y los días viernes ser evaluado mientras dictábamos un tema teniendo como auditorio a los demás capacitados y como evaluadores a reconocidos profesores de la organización. Para la mayoría era una experiencia nueva y enriquecedora pues compartíamos salón con especialistas en biología, literatura, álgebra, historia universal, etc. Pero poco a poco, por motivos distintos, el grupo inicial de casi 80 personas se iba reduciendo cada vez más. Incluso en trigonometría (mi curso) llegué a encontrarme solo luego de haber sido 05 los admitidos inicialmente. Yo seguía invirtiendo mi tiempo en ello (compartido con la Tuna y la Universidad, en ese orden para ser sinceros) pues aprendía mucho acerca de qué tono de voz usar, hacer analogías, aproximación, vocalización, movimientos con el cuerpo, uso de tizas (colores), reglas, etc., cosas que me sirven incluso hasta la fecha.

Pero mi interés también decayó promediando Noviembre. Ya eran 03 meses seguidos y restaban aún otros 04 para ser admitidos como profesores, quienes culminaran por supuesto. Y entonces vi en un anuncio que la academia Pitágoras convocaba a concurso para su propia escuela de profesores, siendo la evaluación escrita el 1er domingo de diciembre. Ofrecían sólo 03 meses de preparación (enro – marzo) para luego pasar a dictar y me animé de inmediato. Además, yo había sido alumno de esa academia y en ella había aprendido mucho de la vida y del saber, en ese orden, así que era una forma de devolver lo recibido. Aprobé el examen escrito como esperaba y restaban las evaluaciones psicológica y de pizarra, cada cual con carácter eliminatorio, que debían ser en días distintos a principios de diciembre.

La evaluación psicológica fue la 1ra de ese tipo que pasaba en toda mi vida, y estaba muy nervioso, pero con la procesión por dentro (rasgo característico en mi). Incluyó una entrevista final con la psicóloga en donde evidencié mis deseos de pertenecer a la Academia y mi sincero interés por ayudar a los alumnos a superarse. Eso debe haberme ayudado pues apr0bé la evaluación y días después tocaba la prueba de pizarra, en la que tenía como evaluadores a los más bravos de la trigonometría, algunos de ellos habían sido profesores míos un quinquenio atrás cuando andaba preparándome para ingresar a la universidad. Tenía que escoger un tema y exponerlo. Había llegado hasta ese lugar valiéndome sólo de mí mismo (con lo poco o mucho que eso significara), pero para aprobar el examen de pizarra necesitaría algo más, así que opté por aplicar todo lo que había aprendido en las casi 40 sesiones de capacitación y en las 15 ó 16 evaluaciones períodicas por las que me había tocado pasar en Trilce. Mi clase de prueba tuvo de todo: colores bien definidos, buena letra y de tamaño adecuado, una mini-historieta de introducción, buen tono de voz, un tema que nadie más tocó, etc. Veía satisfacción en los evaluadores, la cual se replicó en mí cuando me comunicaron 03 días después que había sido admitido en la Escuela de Profesores. Decidí entonces dejar Trilce y tomar lo de Pitágoras, pues me aseguraba llegar a Abril 2004 siendo docente.

Las fiestas de fin de año se acercaban cuando mi celular timbró (estaba en casa): era la directora académica de Pitágoras. Yo me preocupé, pero dejé que exponga la inquietud motivo de su llamada luego de saludarla: “… Estimado profesor Castro. Hemos recibido muy buenas referencias de la evaluación de pizarra que brindó días atrás y lo felicitamos. Puesto que los ciclos de verano están a punto de abrir y tenemos cierto déficit con profesores de su curso (trigonometría), queremos consultarle si estaría dispuesto a pasar por una nueva evaluación de pizarra. En caso de ser aprobado, usted estaría siendo admitido ya como Docente para inicar labores la 1ra semana de enero en algunos de nuestros programas…“. Yo me puse nervioso y hasta asustado, pero me tranquilizó bastante saber que en caso no aprobar dicha evaluación yo proseguiría en la Escuela de Profesores sin ningún inconveniente. Acepté pasar la prueba: debía otra vez escoger un tema y exponerlo. Esta vez tocó que me evaluara sólo el Jefe de la Plana de Trigonometría (que ya había estado en el grupo evaluador anterior), a quien reordaba como un profesor novato en mi época pre-universitaria. Me agradaba saber que tan lejos había llegado. Creo que ese hecho curioso de, en ese momento, ser yo el novato así como él lo fue años atrás facilitó la exposición y evaluación… me aprobó sin mayor rollo y de esa manera recomendó mi inmediata contratación como docente, saltando con garrocha la escuela de profesores. Me contrataron formalmente 01 semana antes de navidad (pro 1ra vez conocía de cerca cosas como “recibo por honorarios”, “RUC”, “contrato de trabajo” y demás yerbas).

Ya como docente, me programaron clases en los más variopintos distritos de Lima: así como me tocó estar en San Miguel también estuve en San Juan de Miraflores, y así como estaba en San Martín de Porres, frente a la UNI (opté por seguir un curso de verano, el cual pasé con 10.0), también me mandaron a Comas, a las 08:00 am !!!!!  (yo vivía en La Molina y no había Metropolitano aún). Pero todo me sirvió. Arranqué con algo suave, 16 horas semanales para nivelación escolar (3ro, 4to, 5to de secundaria), distribuidos en todos esos locales, como programas de verano. Recuerdo incluso haber dictado una clase con muletas por haberme lastimado el tobillo el día anterior en una pichanga (ya se imaginarán el espectáculo incluyendo mis viajes en combi). Me pagaban quincenalmente, 10 soles por hora sin descuentos. La tan ansiada libertad económica por fín había llegado. Desde aquel verano, 08 años atrás, nunca más volví a pedirle dinero a mis padres para nada más, lo cual les significó un alivio pues ese “apoyo” era muy necesario en esa época difícil. Incluso aproveché más aún mis ganancias y estudié un cursillo en SENCICO.

Pero los programas de verano acabarían y yo, docente novato en una organización inmensa, no había entregado mi disponibilidad para los semestres regulares que se venían con la anticipación del caso. Me programaron sólo 06 horas semanales para el período Abril – Julio (todo para el Anual San Marcos, que al menos ya significaba un avance en mi nivel). Mis horas (y mis honorarios !!) aumentaron para el 2do semestre del año y al verano siguiente (2005) otra vez nivelación escolar, para volver al semestral en abril de 2005. Cada vez me daban más horas, cada vez cobraba más, cada vez me sentía más cómodo y seguro como docente (incluso en menos de 02 años había llegado a la Sede Central), pero cada vez me iba peor en la universidad (ver mi blog “Cachimbo a los 27…”) y, para mayor fatalidad, me iba alejando de la especialidad que había escogido (ingeniería civil), en una época en que todos los amigos con quienes había ingresado en el año 1998 ya habían egresado o estaban por hacerlo, la mayoría con buenas ofertas laborales por su buen rendimiento.

Así la pasaba en Julio de 2005 (vacaciones tanto del trabajo como de la universidad) cuando tomé una difícil decisión: pese a la seguridad, pese a la buena paga, pese al status, debía renunciar a la Academia y buscar opciones dentro de mi carrera (una de las desiciones más dolorosas que he tomado en toda mi vida). Debía comenzar de cero (en mi caso, de “negativo” dado que aún no había culminado la Universidad). No había estado más que año y medio en la Academia y ya debía despedirme. Pasaba de ser “algo” a ser “nada” a una edad en que la cosa debería estar bastante clara.

 

(… continuará)

Deber cumplido !!!

octubre 11, 2010

“No considero bien que lo hagas… la tuya es una visión romántica de las cosas”. Con dicha frase, mi madre manifestaba su opinión categóricamente contraria a mi desición de participar de manera activa en las elecciones del 2001, en que votaría por 1ra vez en mi vida. Seguro tenía razón, pero por enésima vez debía tomar una desición que me dejaba en minoría, sustentado en mi criterio.

Los peruanos, electoralmente hablando, solemos ser una caja de Pandora. Esto no es una novedad, por supuesto. Hace 20 años nos dimos el lujo de elegir a un ignoto Alberto Fujimori (que ya ni se sabe si es peruano o si es japonés) por encima del laureado (ya lo era en ese entonces) escritor MarioVargas Llosa. Como ya se ha visto, 02 décadas después el tiempo se encargó de poner las cosas en su lugar. Además del citado ejemplo, podemos mencionar los comicios del 2006, en que ajustadamente se logró vencer a Ollanta Humala y su trasnochado nacionalismo-chavismo, resignándonos a ponerle la banda presidencial nuevamente a Alan García. Aunque, seamos justos, su gobierno no ha sido el desastre que muchos temíamos, sin dejar de tener, claro, sus propìos “anticuchos” (petroaudios y otras yerbas). Y no puedo dejar de mencionar que Susana Villarán y los “lobos” que la rodean están a punto de ingresar a la Municipalidad de Lima, de no ser por alguna sorpresa de último minuto con las actas observadas (prefiero pensar en la honorabilidad del JNE y no en “fraude”).

Este extraño comportamiento electoral que a muchos nos provoca un gran desencanto ya era vigente 10 años atrás. El país se encontraba en proceso de transición, con Valentín Paniagua a la cabeza, después de la renuncia por fax desde Japón del dictador Fujimori y la fuga de su socio Montesinos. Las elecciones generales habían sido convocadas para abril del 2001 y ya se avizoraban algunas candidaturas. Hacia el verano de dicho año, las cosas estaban más claras: Alejandro Toledo, Lourdes Flores y Alan García (recién llegado de su autoexilio) se encontraban en las preferencias del electorado. Por una cuestión de principios me era imposible siquiera pensar en apoyar al ex-presidente debido a la catástrofe que significó su ochentero mandato (algo que tuve que obviar 05 años después ante la amenaza humalista: voté por la estrella tapándome la nariz). La abogada y ex-congresista tenía ideas interesantes, pero no me terminó de cuajar su binomio Drago Kisic – José Risco: era la suma de 02 ideas opuestas e irreconciliables. Es así que el líder de la marcha de los 04 suyos (una de las cuatro patas en que se apoyó el derrumbamiento de la dictadura fujimontesinista) asomaba como una buena opción junto a su entonces carismática esposa.

Supongo que, a los 19 años, la vehemencia es una propiedad. También el idealismo y sus variantes. Estaba plenamente convencido que no sólo debía apoyar con mi voto al candidato de mi preferencia, sino que era un deber cívico y hasta moral participar activamente del proceso en búsqueda del triunfo final. No fue difícil, entonces, aceptar inscribirme como militante en la Base 01 de La Molina, perteneciente al partido Perú Posible, que además se ubicada a contadas cuadras de mi casa. Mi intención era colaborar en las diversas actividades proselitistas (pintado de muros, colocación de carteles, etc) y partidarias (asambleas de base, reuniones juveniles). No creo ser un iluminado pero mis habilidades comunicativas me significaron un “status” distinto, por sobre el promedio de los jóvenes que esa base reunió. Y casi sin pensarlo terminé como secretario de organización de juventudes, secundando a Sandro Guerrero quien fungía de secretario de juventudes en mérito a su prolongado “tiempo de servicio”. Ya al frente, organizamos algunas fiestas pro fondos, clases de matemática gratuitas (yo enseñaba), reuniones con otras bases en el distrito y coordinábamos frecuentemente con los secretarios de la base, entre quienes nos llamábamos “hermanos” (así como algunos se dicen compañeros, correligionarios, etc).

Las semanas trasncurrían y yo andaba contento. Sentía que estaba colaborando con la causa (que Toledo salga elegido presidente). Ni el “escándalo” de Zaraí me amilanaba. Y sentí un instante de enorme felicidad cuando me confirmaron, días antes de la 1ra vuelta, como personero en el Colegio Nacional 1140 de Molicentro, que quedaba a escasas 02 cuadras de mi lugar de votación (Colegio Newton)… ¡¡ por fin un aporte concreto fuera del ámbito de la Base 01!!. Nos preparamos durante 03 días para cumplir a cabalidad, como el deber mandaba. No recuerdo otro momento en mi vida en donde el civismo haya estado tan a flor de piel.

Para la 1ra vuelta, además de Perú Posible, sólo Unidad Nacional dispuso de personeros, al menos en el lugar que me tocó. Recuerdo haberme levantado a las 06:30 ese domingo y haber llegado en taxi al Colegio 01 hora después, para entregar mis credenciales y participar de la apertura de la mesa de votación. Resultó que el 3er miembro, una dama, no se había presentado (un cáncer crónico en nuestra sociedad), y su lugar lo pasó a ocupar el resignado y puntualísimo 1er suplente. El presidente de la mesa en que me tocó ser personero tenía un aspecto imponente y una mirada perturbadora, incluso maquiavélica diría. No podía ser de otra manera para alguien llamado Alejandro Delgado Caferatta, hijo del reconocido broadcaster. Me facilitaron 01 silla muy cerca a los miembros de mesa y desde ella debía verificar que el proceso se llevará con normalidad (algo que felizmente ocurrió). Sólo descuidé mi inmejorable posición para salir a votar sin mucha demora, a eso de las 2pm. No nos lo habían dicho, pero a los personeros del partido, al menos a los de la Base 01, nos entregaron unas viandas a modo de almuerzo, que resultaron insuficientes para mi voraz apetito. El personero de Unidad Nacional se apareció tan sólo para efectuar el conteo final, pasadas las 4pm, y llevarse su acta. No era difícil prever que su candidata obtendría ventaja en el distrito, pero la votación por Toledo no fue exigua tampoco. Entregué el preciado acta a mi coordinador de local y me fui a casa a descansar en lo que restaba del día pues a la mañana siguiente comenzaba una nueva semana de clases. Desde mi cama observé henchido de orgullo que Alejandro Toledo pasaba a la 2da vuelta con más del 30% de votos, mientras que el otro lugar se lo peleaban Lourdes y Alan, quien finalmente acompañaría a Toledo.

Para la 2da vuelta el rito se repitió casi tal cual. Esta vez no fue necesario reemplazar a ningún miembro de mesa. El Apra también había dispuesto personeros pero de forma menos organizada. El que accedió a mi mesa debía votar en La Victoria, por lo que no estuvo durante el proceso completo aunque al menos llegó para recibir su acta. Cumplí nuevamente con entregar la mía al coordinador, que era Sandro (para ese entonces podía considerarlo ya un amigo), y ambos nos confundimos en un perpetuo abrazo cuando me dió la buena nueva a boca de urna: por poco, pero Toledo había derrotado a Alan García (aunque me quedó la sensación que con 10 días más de campaña el Apra nos borraba feo). El regreso a casa fue más feliz que nunca.

Pasadas las elecciones y la toma de mando, sentía que el deber estaba cumplido. Nuestro candidato era el flamante jefe de estado encomendado en orientar el país por un rumbo mejor después de la escandalosa dictadura. En la Base 01 seguían las asambleas y actividades, pero consideraba que ya casi no tenían sentido. Mi ímpetu se fue calmando, o más bien diluyendo. Sandro accedió a la secretaría de juventudes de todo el distrito, encargándome la de la Base 01, pero ya no sentía la misma motivación que en el verano. Y así, en silencio, del mismo modo que llegué, me fui. Por primera vez había tomado partido por una opción electoral en que consideraba valía la pena esforzarse y el resultado fue exitoso. Me volvería a concentrar solamente en mis cursos llevándome la emoción de todas aquellas cosas vividas.

Creo haber dignificado la labor de un personero, pues jamás tuve la intención de obtener algún beneficio personal por mi participación. Lo hice de todo corazón y lo volvería a hacer en caso nuevamente la democracia así lo exija. Es por eso que no estoy de acuerdo con los insultantes conceptos que durante la última semana ha manifestado el irreverente Jaime Bayly acerca de esta labor. Cosas como “los personeros son aquellos pilluelos que sólo sirven para la trafería” y no se que otras chambonadas del mismo color calan hondo en el sentir de quienes lo fuimos de la manera más honesta posible. Pero, como esto es democracia, el Sr. Bayly puede seguir hablando así si lo desea… el que ríe al último ríe mejor y espero verlo como candidato en los comicios del 2011 como él mismo se ha encargado de hacernos saber. A ver si contínua tan valiente cuando esté en el ardor de la batalla, porque es muy fácil lanzar improperios y ensuciar honorabilidades sentado en el cómodo balcón que noche a noche le ofrece un canal de televisión. A los bravos, se los ve en la cancha !!!

Happy Birthday… to me !!!

septiembre 20, 2010

Cuenta la leyenda que mi tía Alcira, la hermana mayor de mi madre, había dispuesto un almuerzo con familia y amigos para festejar su santo un 19 de setiembre de 1981, en Huancayo (ciudad donde vivía con su familia, igual que mi papá, mamá y hermana mayor por coincidencia laboral nada más). Pero se tuvo que optar por un plan de emergencia dado que decidí venir al mundo justo ese mismo día. Mi tía, entonces, pasó su cumpleaños atendiendo y ayudando a mi mamá, que acababa de alumbrar a su 2do retoño, al que decidieron llamar Ramiro Guillermo (por mi papá y abuelo paterno).

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No guardo fotografías de mis primeros cumpleaños… presumo que al ser sólo 04 en la familia (hasta ese entonces), viviendo en ciudades distintas a la de los abuelos, el festejo debió ser más bien íntimo. Pero si guardo los festejos de mis cumpleaños número 04, 05 & 06 por ejemplo. Siempre rodeado de amigos del jardín (o de la escuela pues entré ahí a los 05), con globos, payasos, una piñata más grande que yo. Incluso se me ve con tez clara y cabello lacio… irreconocible, jajaja. Pero por sobre todo se me ve feliz. Encontré también fotos de mi 10mo cupleaños (el último que pasaría fuera de Lima). Torta helada y una vela tremenda, una deliciosa cena, los tios, primos, amigos. En fin, yo creo que cada cumpleaños vivido fue reflejo de la mejor etapa de mi vida, mi infancia-niñez vivida netamente en ciudades de nuestra sierra, en donde la vida parecía pausada, absurda, feliz. Recuerdo los paseos a la laguna de Paca, a Fongal, a Cerrito… posteriomente la Quinta de los abuelos (o bisabuelos), la piscina, el estadio El Olivo, los desfiles escolares, etc. Todo ello, y más, contribuyó a que mi corazón se quedará enclavado para siempre entre Huancayo y Abancay. Años después pude regresar, claro, y tan sólo respirar su aire trajo a mi mente la nostalgia de aquel pasado maravilloso que no se borra aunque la actualidad nos muestre un rostro menos amigable.

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No se cómo sucedió, pero con el correr de los años (la pubertad, la adolescencia) mi cumpleaños fue significando, para mí, algo cada vez más exclusivo, o más bien excluyente. Sentía que el mes completo era para mí, que la fecha central era el 19, y que sólo lo relacionado a mí debía tener cabida en las conversaciones de casa. Y aunque durante los primeros años en Lima no hice gran cosa cuando tocaba mi cumpleaños, si ansiaba y lograba enfocar a la familia sólo en el hecho de contentarme. Recuerdo las zapatillas TROOP de 120 dólares a los 12, con luces en la zuela incluidas. O el jean, camisa y casaca que obtuve a los 14, algo similar a los 15 (que también la pasé muy enfermo, dicho sea de paso). Y a los 16, en pleno 5to de media, una reunión (por fin !!!) en casa, con la promo entera, que incluyó cena, baile y cuba libre (¿¿nos estaríamos preparando para la fiesta de promo??). Era 1997 y sentía que el mes de mi santo era el boom. Nadie podía osar “fallarme”… la concentación hacia mí debía ser completa, y así se venía manejando. Y eso estuvo mal porque tanto dulce a uno lo puede empalagar.

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Mi hermana menor debía bautizarse si o si en 1998 y mi tía, su madrina, vivía lejos, por lo que había que escoger una buena fecha. Yo estaba, en marzo, a punto de rendir mi examen de ingreso a la UNI y se tocó el tema en un almuerzo. Setiembre pintaba bien porque mi tía podía venir, además, para pasar el cumpleaños de 02 de sus hijos. “Advertí” que no tocaran la fecha de mi cumple (caía justo en un tentador día sábado) no con pocas sospechas y algo de furia. Mi padre me increpó de inmediato: “nadie está hablando de fechas y tu ya haces problemas, ¿qué te suede?”. Lo dejé ahí… para mi mala suerte.

Poco se comentaba en casa del tema a fines de agosto y mi tía ya preparaba el viaje. Los días pasaban, empecé clases en la universidad y noté un “movimiento” inusual en mi hogar. Yo sospechaba por cierto, pero mantenía la esperanza. Todo se derrumbó cuando escuché a mi mamá hablar por teléfono, sola, en su cuarto, con unos familiares a quienes invitaba “para este sábado, 19, bautizo de Dianita. Si, se que es santo de Ramirito, pero ni modo, no hay otras fechas. Ok, los espero. Muchos cariños”. Vi su cara de pavor cuando se dió vuelta y mi rostro lo decía todo. No hicieron falta las palabras (no hubieran servido de nada). Sólo atiné a encerrarme en mi cuarto, maldiciendo mi suerte. ¡¡ No podía ser… mis propios padres me fallaron, pese a las advertencias !!. No quería saber nada. Decidí que no iba a soportar, por ejemplo, que alguien asista al bautizo, felicite a mi hermanita y a mi me ignore en el mismísimo día de mi santo. No estaba “preparado” para no ser el centro absoluto de atención. No quería ceder nada, ni un centímetro. Y como no podría haber obtenido todo la atención que hubiera deseado, opté por no recibir ninguna. Inventé un “urgente” trabajo grupal en la UNI para ese sábado, y “huí” de casa a las 11am. “¡¡Que se jodan, que se queden con su bauticito!!”… no recuerdo haber llorado en una combi tanto como ese día. 

A todo golpe le sigue su curación. Tan sólo unos días antes había empezado a frecuentar a la novel Tuna de mi Universidad, y el recibimiento fue excelente. Decidí seguir yendo entre clases. Así que me fui rumbo al local central, cerca de mi facultad. Era sábado y había ensayo general. Conocí a todos los demás que no había saludado aún. Cantamos, tocamos, reímos. Todo bien. Y fue conmovedor cuando me dedicaron una canción sólo para mi, pues un amigo había filtrado que ese día era mi santo. Ya eran casi las 6pm y el ensayo se acababa. No quería volver a casa, había planeado llegar lo más tarde posible. Pero tampoco tenía otro lugar más o menos seguro a dónde ir. Así que se hizo inminente el retorno. Eran las 7.30pm y aún había celebración en mi casa. “¡¡ Rayos !!”. Ni modo, apenas igresé a la sala todos acudieron a saludarme por mi santo… algunos con un regalo. Mis papás se contentaron al verme y me ofrecieron la cena. Aún así seguía fastidiado y no puse reparos cuando mis primos mayores me avisaron que mi regalo era una noche de discoteca (¡¡ mi primera noche de discoteca !!). A mi madre no le cuadró pero hubiera ido aún sin su aprobación. Todavía estaba furioso. No me divertí bailando esa noche… pero por lo menos no estuve en casa. Así de inmensa era mi decepción.

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Para mis 18, 19, 20, 21 hubo fiesta en mi casa, con los primos, primas, amigos de la universidad. Era todo un ritual ir con mi mamá a la misma tienda de siempre, a escoger entre ambos las bebidas y bocaditos que ofrecer. También lo era juntar los últimos hits del momento. Eran eventos que daban para comentarlos varios días después de ocurridos, y para que los inasistentes se “arrepintieran en el alma”. Creo que con esas cosas “perdoné” la “afrenta” de años atrás. Así un año tras otro hasta que la intrascendencia se volvió a apoderar de mi santo. Para mi cumple 24 estaba realizando mis primeras prácticas y cayó un lunes que tuve que ingresar a la Planta a las 7am y salir a las 10pm… para “colmo” mi hermana se había casado el sábado anterior… imposible hacer nada por festejar. Para los 25 fue peor… entre y salí casi parecido de la planta (¡¡ seguía de practicante !!) y andaba muy peleado con el jefe. Y para los 26, siempre en día de semana, me la pasé dictando clases de 8am a 10pm (y mi mamá andaba de viaje). No podía ser, algo debía hacer. Se acercaba el sábado y eso pintaba bien, pero no contaba “con la astucia” de mi sobrina… nació un viernes 21 y me tiró abajo el plan. Por tercera vez seguida debía pasar mi cumple en la sombra.

Pero eso que ocurrió fue buenísimo. Aprendí, por fin, que no era el único ser humano en la tierra… el mundo no podía girar a mi alrededor. Tomé con serenidad ese hecho. Supongo que fue parte de una madurez tardía pero real. No me dolió no hacer nada por mi santo. Aprendí a ser feliz con poco, pero al menos junto a los míos. Ya admití que setiembre ya no será nunca más mío (quizá el 19 si)… ahora les pertenece a mis sobrinos Adriano (04) y Sabrina (21), de quien soy padrino de bautizo. Aún así la he pasado bien en los últimos años: almuerzo con los colegas de la oficina, varios regalos de parte de mis hermanas y el infaltable karaoke sabatino que tanto me gusta. Mi cumpleños 29 me acaba de sorprender en un excelente momento laboral y académico, junto a mi familia, a mi novia, a nuestros anhelos, ideales, esperanzas. Casi ya dejando la base 02 me considero más tranquilo y más adulto. No tengo, por tanto, reparos en “compartir” e incluso ceder a mis sobrinos el mismo mes (y el mismo día, si alguna vez es necesario). Total, hace 29 años yo le “robé” la celebración a mi tía Alcira y ella nunca se ha quejado… ni siquiera cuando me olvido saludarla.

Caminante, no hay camino… lo ocupan las combis !!!

agosto 30, 2010

Aunque algunos opinen que tener un automóvil es un lujo, yo lo considero una herramienta de trabajo e incluso de estudio. También lo considero parte de un status mínimo que uno debe conservar cuando va ascendiendo en la vida. Parecido a comprar una casa, inscribirse en un club o frecuentar ciertos sitios novedosos. Pero así como todo lo mencionado, no debería significar, desde luego, una complicación financiera… debe hacerse en un momento apropiado, como toda inversión seria y planificada.

De no ser por mi primo Iván, quien propuso sacar a su nombre un crédito para poder comprarme un auto, seguro me hubiera sido muy difícil llevar los postgrados que a la fecha he desarrollado (entre otras cosas por supuesto). Tan sólo pensar en salir del trabajo día a día con la hora ajustada, teniendo que tomar taxi desde muy lejos a cada tanto, o tener que soportar cada inconducta de choferes y cobradores de combi me produce arcadas. Así venía siendo hasta setiembre de 2008, cuando mi firme desición, mi aversión por el transporte público, mis siempre ordenadas aunque poco holgadas finanzas y la ya mencionada participación precisa de mi primo me significaron el Chery S21 (un auto chino desconocido pero rendidor) que vengo usando a diario. Sabía, en ese entonces, que iba a estar en obra (por mi formación en ing. civil) durante los próximos años. Ello implicaba someter a mi futuro auto a condiciones difíciles (polvo, tráfico, zonas lejanas e inseguras), y por eso me animé por un modelo económico, que no me de pena ”maltratar” un poco, y que tenga un buen espacio interior para llevar a la familia. Todo bien… hasta ahora.

Concuerdo cuando señalan que el problema de la inseguridad en la capital no es sólo la de los adultos que integran bandas organizadas para delinquir como medio de vida. También se debe tener en cuenta a la juventud, y niñez, que llegan al mundo en medio de familias disfuncionales y que se forman en medio de un entorno caótico… crecen junto al crimen como un deporte que luego aflora de maner natural. No hay elección, es la vida que les toca vivir, ajena al respeto por la gente o la propiedad privada. Cuando están en grupo su instinto violento se agudiza incluso. Peor aún cuando notan al presencia de la autoridad o de un bando contrario a sus “ideas” (que no son más que la presencia compartida en el barrio, una hinchada rival, el colegio vecino, el que enamora a la hermana, etc). Y en medio de ello estamos nosotros, quienes solemos sufrir impotentes e indignados las consecuencias.

Un parabrisas siniestrado por un grupo de desadaptados que huían de la policía en plena avenida Alfonso Ugarte, viernes a las 7pm, me va a obligar a viajar en transporte público durante 10 días cuando menos (porque, como resulta más seguro, debo reponerlo con un parabrisas original. Además, no se ingresan autos al taller sabados ni domingos, menos aún el lunes que es feriado). Eso, además, de los 150 dólares que costará la reparación, una clase de postgrado perdida y el susto por lo que pudo haber significado un daño personal que felizmente no es (tuve suerte después de todo)… y con lo que me gusta ir en combi !!.

Ya lo hice, en realidad, ayer sábado, puesto que tuve que asistir a la recuperación de una clase de postgrado, además de efectuar algunas compras personales. Cada viaje que he tenido que realizar me recordó los motivos por los que compré el auto. Manejar en Lima es de osados, y uno lo puede comprobar al volante o de a pie. La falta de respeto hacia el peatón está generalizada como “principio fundamental”… ya no hay por donde caminar. La desesperación por avanzar hace que los conductores  invadan aceras, vías para ciclistas, estacionamientos, rampas, etc. La peor cuota de caos la imponen las combis (amén de lo incómodo que resulta viajar en un espacio tan reducido). Por su tamaño no les es difícil maniobrar como señalé. Eso se suma a que en cada semáforo es común verlos con medio vehículo sobre la línea de parada (algunos incluso distribuyen todo su volumen sobre el crucero peatonal, llamada también “cebra”). Cerrar el paso es moneda corriente, y dar el vuelto (acelerar para alcanzar y cerrar al “agresor”) también. Los buses y camiones no escapan a ello. “Aprovechan” sus notorias dimensiones para sembrar miedo y obtener preferencia. Y los taxis… ay los taxis !!!. En resumen, las calles son una selva en donde todos luchan (luchamos) para sobrevivir. 

La novedosa norma que incluirá multas a los malos peatones me parecía una medida necesaria desde hace tiempo. Pero la fiscalización a quienes usan a diario, caminando, veredas y calzadas debería ir acompañada por una supervisión de proporciones parecidas hacia los conductores, pues sus temerarias acciones nos obligan (lamento incluirme), a veces, a olvidar la educación vial y “fluir” como se pueda. Así pues, estamos mal conductores, peatones y autoridades. Urge una “terapia” conjunta para recuperar la ética, que no es otra cosa que hacer lo que plazca con respeto a las normas y a los demás.

Visto el panorama, me parece, aún así, que la cosa va a mejorar pues noto una mayor predisposición de todos los actores, ya sea por el “roche” de ser detectados o por un genuino autoconvencimiento. El Metropolitano ha costado millones y no sorprendería que haya significado el engrosamiento de algunas cuentas bancarias personales… se investigará en su momento. Pero no deja de significar un aporte. Cada vez son más los colegas y familiares de quienes escucho las bondades del servicio. Aunque, claro, una golondrina no hace el verano. Sea como sea, no se puede perder la fe en la gente… recordemos que la esperanza es lo último que se deja de lado. Confío en poder comprobar ese cambio de actitud en breve, más aún sabiendo que me sobrarán ocasiones para hacerlo como espectador privilegiado desde la ventana de una custer o combi… tal vez el parabrisas a pedacitos no sea producto de un “pirañón” del Cercado de Lima, tal vez es obra de Dios que me pide pisar tierra con un baño de realidad, y una forma de renovar mi esperanza de un futuro mejor, “acompañado”, eso si, de 150 dólares menos en cómodas 36 cuotas.

Cachimbo a los 27…

agosto 12, 2010

Vuelvo después de muchas lunas a este mi blog. Lo hago así puesto que este año mi ritmo de vida me impide detenerme mucho tiempo para hacer algo distinto, lo cual no necesariamente me aburre. Es más, podría decir que las ultimas vivencias vienen siendo espectaculares.

Cuando uno tiene 16 años y ha decidido su vida desde hace 04 lo que se avecina en la vida parece más fácil. Mientras la mayoría de adolecentes no tenía ni idea de qué estudiar al concluir el colegio, yo sabía con mucha anticipación que lo mío era la ingeniería civil, dada la facilidad que me representaban las ciencias matemáticas (algo que aún me acompaña felizmente). Incluso desde los 12 ó 13 mis familiares más cercanos, papás, tíos, fijaron en mi subconciente que mi destino era la UNI, de todas maneras… se convirtió entonces en un objetivo semiobsesivo, la posibilidad única, negándome entonces la oportunidad de explorar otras alternativas. La UNI o muerte, era la consigna. Y a mí me pareció bien. Si lo decían ellos era por algo bueno.

Fue así que, luego de un semestre en el centro preuniversitario, ingresé finalmente a dicha casa de estudios. Me di cuenta rapidamente que mi facultad era (y sigue siendo) la más grande, la más bonita y la mejor organizada. También noté desde el inicio que los comentarios que en pasillos preuniversitarios abundaban eran ciertos: la UNI era “tranca” para ingresar, y peor aún para mantenerse. Había que ser aplicado. Confié entonces en mi excelente performance durante la secundaria, pero no tardaría mucho en desengañarme.

Para alguien que se mantuvo siempre entre el 1er y 2do lugar de su salón escolar, jalar Física I significó un choque emocional terrible (después vendrían más). Pasado el trauma inicial, los ciclos posteriores me mantuvieron “a media tabla”, destacando, eso si, en los cursos de matemática pura. Todo bien, o todo regular, durante los primeros años. Puntos más, puntos menos, trataba de no quedarme atrás con respecto a mis mejores amigos. Había sido un escolar aplicado, de casualidad no podía haber sido.

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Creo que lo peor que le puede pasar a un ser humano, camino a su formación definitiva, es pasar de forma anacrónica por las distintas etapas naturales de la vida. A mi me sorprendió mi momento inconciente, “relajado” e irreverente a los 22 años (justo después de mi 1ra y más grande decepción amorosa). De aquel muchachito considerado y concecuente quedaban apenas retazos. La universidad me fue importando cada vez menos (¿para qué seguir esforzándose en algo que aún no me era de utilidad?), mientras otras inquietudes ocupaban mi mente. En medio del torbellino, a principios de 2004, inicié el 1er trabajo formal de mi vida: docente en una academia preuniversitaria. Y a medida que los meses avanzaban, mientrás mejor me iba en el trabajo peor me iba en los estudios. Los cursos en que me matriculaba eran siempre más horribles que los anteriores (de los cuales la mitad terminaba repitiendo, claro). El respeto que me ganaba mientras le daba la espalda a la pizarra con tiza (o plumón) en mano se diluía velozmente cuando me sentaba frente a ella (de ahí mi lema: “mi éxito depende del lado del telón en que me toque estar”). Lo peor vendría luego: habían pasado los años y mi familia, como es lógico, esperaba atentamente mi pronta graduación.

No encuentro error más grande en la vida que el no  saber cómo enfrentarlos y solucionarlos. Con la vergüenza a diestra y el cinismo a siniestra, oculte a todos mi desgracia personal, pensando que en algún momento hallaría la solución. Nada más falso. Lo peor de todo era que me seguía yendo bien laboralmente (lo cual me cegaba): había ingresado a practicar mi carrera (¡¡por fin!!)) en una empresa lider en el pais. Pero la carrera seguía postergada. Y así estuvo casi 02 años más, incluso ya había salido de la empresa en cuestión.

Las situaciones extremas ayudan a tomar conciencia. Me vi forzado a confesar mi particular “agonía” un domingo a medianoche (justo en medio de una semana como pocas: el tenis peruano clasificado al grupo mundial, Fujimori extraditado, mi 26avo cumpleaños, el nacimiento de mi única sobrina). Fue una medida extrema. No tenía otra manera de explicar cómo podía darme el lujo de rechazar la oportunidad de ingresar a una empresa TOP en la ingeniería peruana justo cuando más lo necesitaba. El motivo era que la posición obligaba a viajar a provincia, y yo me encontraba, secretamente, llevando en Lima algunos de los cursos que me faltaban para acabar.

Fue como destapar una olla a presión. Lo que más me dolía era confirmar la decepción de los míos. Pero no mediaron reproches sino mas bien recomendaciones y una llamada al orden. Creo que ese fue el punto de inflexión. Parado ahí, con mi hermosa sobrina (ahora también ahijada) de apenas 02 días de edad en mis brazos, me prometí a mi mismo tomar suficiente vuelo y concluir de una buena vez lo que estaba pendiente. Y vaya que resultó complicado porque se trataba de estudiar y trabajar a la vez (mi estilo de vida me obligaba ya a trabajar  a tiempo completo para mantenerme).

Dios existe y puedo dar fe. Todo mi desbarajuste autocausado debería haberme “condenado” a tener que contentarme con trabajos mediocres y en pésimas condiciones. Pero no fue así. Cada cambio de trabajo que me ha tocado vivir ha sido para mejorar las condiciones anteriores, mientras el esfuerzo desplegado para estudiar rendía frutos. Y así, 11 años después de haber pisado la universidad por primera vez, pude decir al fin “meta cumplida”.

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Nada que se logra a destiempo es gratificante. A mi no me significa ninguna alegría recordar todo ello. Si tengo que hacer un resumen de mi vida universitaria pues lo colocaría entre mis peores experiencias. Pero de todas maneras me ha servido como puerta de ingreso al mundo laboral en que me desempeño y que me genera alegrías a cada tanto. Adicionalmente, desde hace un tiempo he podido seguir especializaciones y postgrados con muy buen rendimiento. Me he dado cuenta que me interesan los sistemas de gestión y gerencia de proyectos. Incluso obtengo notas en mis evaluaciones que pocos años atrás hubieran sido un sueño. Le he agarrado el gusto al estudio y ahora siento que no puedo vivir sin capacitarme, sin aprender cada vez más cosas relacionadas a los campos ya citados. Si se dice que la universitaria es la etapa de vida en que uno se forma de manera definitiva para el futuro pues yo siento que dicha etapa la estoy viviendo ahora. Fui un “cachimbo” de 27 años que pasó los otros 26 decidiendo lo que quería seguir… y no me arrepiento del pasado porque siento que todo ello, lo bueno, malo y feo, ha hecho posible que me encuentre justo donde estoy, disfrutando de un hobbie por el cual me pagan (y nada mal). Con la autoestima, respeto y temple recuperados sólo queda seguir andando y “tragarme” el mundo entero…

Esto no es más que un relato de vida que espero les sirva como ejemplo de lo que uno NO debe hacer en situaciones complicadas. No me avergüenza lo vivido, pero por supuesto no lo recomiendo. No siempre tiene uno la bendición de caer parado al saltar del avión sin paracaidas… lo mejor sería, desde luego, no tener que llegar al extremo de saltar.

La respuesta que tardó 15 años…

marzo 17, 2010

1995 fue un año especialmente malo según recuerdo. El verano apenas comenzaba a calentar cuando los cables señalaban que soldados peruanos y ecuatorianos se batían en escaramuzas por conseguir tomar una zona fronteriza alrededor del falso Tiwinza, algo que nos revelaría una vez más la deficiente preparación de nuestros hombres. Pocos meses más tarde el homicida Fujimori se reelegiría, por primera vez, con una mayoría tan abrumadora que levantó no pocas sospechas de manipulación (que no se compararía en nada con lo que lamentablemente vendría años después). La selección de fútbol, entrenada por Miguel Company, haría una decepcionante Copa América (la última en la que no pasamos la primera fase), quedando incluso por debajo de Ecuador (algo que se volvió una constante en cuanto torneo participaron ambos países).

En lo personal, la chica de la cual andaba “templado” desde hacía un año no me daba bolilla… lo cual fue haciendo que mis sentimientos se apaguen con el transcurrir de los meses (y para colmo de males, el año entrante desperté en ella un interés de una magnitud comparable con mi entonces indiferencia, o sea plop !!!). Mi santo, en setiembre, no fue nada del otro mundo y, lo peor de todo, mi abuela materna, “mamá Visi”, fallecería días después luego de un penoso cáncer generalizado.

Hay cosas en la vida que lo marcan a uno. Esa experiencia fue novedosa en mi corta vida (apenas 14 años). Nunca antes había atestiguado la agonía y muerte de un ser tan cercano, más aún porque los últimos 10 meses de su vida los pasó en mi casa. Recuerdo los años maravillosos cuando vivía en Abancay y ella, con mi abuelo, en Andahuaylas… los solíamos visitar con regularidad en nuestro viejo volkswagen celeste que mi padre conducía (y que, oh casualidad!!, tuvimos que vender ese fatídico año). El dolor era insoportable, peor aún cuando mi abuelo le decía en el entierro “ven, llévame contigo“… nos partió el alma. Esa experiencia funesta me llevó a cuestionar por primera vez los propósitos de Dios, ¿cómo era posible que el supremo se ensañe de tal forma con una persona que no había hecho más que el bien sin mirar a quien durante toda su vida?, ¿por qué el todopoderoso mantenía en la tierra a tanto ser despreciable, delincuentes, drogadictos, y se lleva a alguien que fue ejemplo de vida y cántaro inagotable de amor?… difícil momento para un muchachito que apenas ingresaba a la adolecencia y tan sólo buscaba le contesten una pregunta a la que nadie atinaba a decir nada coherente… y que así se mantuvo por muchos años.

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Hay cosas que suelo hacer “por gusto”, es decir, por el simple placer de hacerlas y sentime bien así. Por lo general esas desiciones me dejan en minoría pero no me interesa. Días atrás se me ocurrió visitar, después del trabajo, a unos seres queridos a los que no veía desde hacía un mes. Pese a la distancia y al tráfico endiablado de esa hora me animé y es así que caí de sorpresa. Por supuesto me trataron con el cariño de siempre y hablamos durante varias horas de mi actualidad laboral, académica, etc… siempre mostrándose muy amables. Pensaba retirarme a una hora prudente pero la tertulia esta interesante e incluso me invitaron a tomar lonche y claro que no me negué. La charla proseguía y entonces me contaron sobre una mujer que había fallecido recientemente de manera penosa, sufrida. Me contaron que sus familiares, resignados, veían con pesar el tormento por el que pasaba la pobre mujer y no imaginaban cómo colaborar para detener el sufrimiento. Por supuesto a medida que me narraban la historia fue imposible no establecer un paralelo con aquello que yo había vivido hacía tantos años, así que creí comprender a los familiares de aquella mujer. Y entonces sucedió…

Seguro sus hijos y nietos se andaban preguntando porque mi madre debe sufrir tanto si es tan buena…yo le pregunté a la hija mayor si accedería a reunirnos con toda su familia y orar a Dios por su mamá. Al principio a ella le parecía muy extraño pero aceptó. Entonces una tarde nos juntamos todos y empezamos a orar pidiendo al Señor que haga su voluntad, que si ello significaba se sane la señora entonces bien, y que si eso era que fallezca entonces también… pero que pare el sufrimiento. Y a los días nomás me llama la hija llorando a decirme que su mamá había fallecido y todos en casa, aunque tristes, entendían que ya descansaba en paz. Así es, Ramirito, finalmente la señora falleció. Y le tocó sufrir de esa manera por voluntad de Dios, porque a través de ella hizo que la familia se uniera nuevamente y todos juntos se acuerden de él, pidiéndole de todo corazón disponga aquello que crea conveniente para su mamá. Porque Dios siempre va a ver la manera de que nos acordemos de él, porque él existe, es un Dios vivo y bondadoso, pero también se apena cuando nos olvidamos de él. Y sin embargo ahí está cuando lo buscamos, cuando lo llamamos con fe, él nos escucha y si le pedimos las cosas de corazón, él siempre nos va a bendecir“.

No es mi afán, por supuesto, predicarles, amigos, sobre Dios y la fe. Simplemente agradecer profundamente a Don Beto y Doña Chavi por la lección gratuita de vida que en 5 minutos me dieron, y, más aún, por haber dado respuesta a la pregunta que hace casi 15 años me hice un día y creí jamás lograría contestar. Gracias a ustedes, mi corazón vuelve a estar en paz, y entonces me hace ver aquel 1995 con más optimismo que hasta hace una semana…

La vida es bella…

marzo 8, 2010

“… Dicen que la mujer es de sexo frágil, que mentira tan absurda. Yo que formo parte de la rutina de una de ellas se que la fuerza está con ellas…”

Claro que la vida es bella… cómo negarlo. A diario aparecen nuevos motivos para sentirnos felices por este don que Dios nos otorgó. Y hacer lo que el todopoderoso ha dispuesto para cada quien sería infinitamente más difícil y menos agradable de no ser porque hay una mujer en nuestras vidas… siempre.

Todos tienen una madre… ninguna como la mía. Lo sabía Leo Dan y lo sabemos todos. Dios no podía estar en todo momento presente y nos la envió para que desde un inicio sea una mujer quien guíe nuestras vidas. Y algunos, como yo, tienen hermanas que también nos aman y se preocupan por uno; sabemos que nos quieren y quieren lo mejor para nuestra vida. Y entonces crecemos, nos volvemos adultos y nuestras hermanas y hermanos (por que no, primos y primas también) nos alegran aún más la vida con una sobrina (o varias). Un motivo más para sentirte feliz y cada vez más completo en la vida.

Pero el tiempo pasa y queremos “hacer la nuestra”… escribir nuestra propia historia. Y entonces también agregamos a la lista de mujeres de nuestra vida a la enamorada, la novia y posteriormente la esposa. Yo no soy casado aún pero puedo imaginar la felicidad que a uno lo embarga al desposar a la mujer que uno eligió, formar un hogar, construir una vida juntos que desde luego será incompleta hasta que vengan los hijos e hijas. Y entonces más mujeres se suman al entorno del hombre y más felicidad le provocan. Y la vida sigue siendo bella…

“Mujer, mujer, del barro del cual fuiste tu creada, bebí mi inspiración para exaltarte a tí en esta canción”

Hoy 08 de marzo es el Día Internacional de la Mujer. Quiero rendir homenaje desde esta humilde tribuna a todas aquellas luchadoras que con su infatigable esfuerzo contribuyen día a día a que este país pueda ser un poquito mejor. Y no es casualidad que los últimos triunfos peruanos en el ámbito internacional se lo debamos en gran parte a ellas… mujeres como Sofi, Kina, Maju, Claudia Llosa, Deysi Cori y muchas otras que nos demuestran que ni el sexo ni la edad son barreras que impidan destacar más aún en un medio tan tradicionalmente machista (una tara abominable que no termina de desterrarse, aunque felizmente va disminuyendo). Esos logros son un excelente ejemplo para los demás y un motivo para sentirnos orgullosos y  saber que todo es posible con constancia y amor por lo que uno hace. Muchas gracias mujeres peruanas… y a todas las mujeres en general.

¿Cómo fue que Dios creo a la mujer ?. Pues ni del pie para que no sea inferior ni de la cabeza para que no sea superior, sino de una costilla, cerquita al corazón, para tenerla siempre a nuestro lado y poder brindarles todo nuestro amor. Que así sea siempre… cualquier muestra de amor y gratitud siempre será poco comparado con lo que la mujer significa en nuestra vida…

“Mujer, mujer, en la escuela en que tu fuiste enseñada jamás saque un 10, soy fuerte pero no llego a tus pies”

“Mujer” – Silvio.

¿Mi Libertad?… no lo creo !!!

febrero 27, 2010

Daba la impresión que podían seguir jugando 03 horas seguidas y ninguno lograría anotar. ..

Ayer 25 de febrero de 2009 fui testigo (televisivo) de un partido por Copa Libertadores entre Universitario de Deportes (del cual soy fanático acérrimo) y Libertad de Paraguay, que quedó finalmente en un empate a cero goles. De no ser porque me encuentro “purgando mis penas” en las alturas de Cerro de Pasco hubiera ido al estadio que queda a contadas cuadras de mi casa.

Durante los 90 minutos de juego la “U” pugnó una y otra vez aunque no se contabilizaron situaciones claras de gol… el rival estuvo en lo mismo. Creo que se encontraron 02 rocas del mismo grado de dureza y por eso apenas si hubieron “raspones”… ninguno pudo “romper” al otro y por eso no hubo ni figura ni jugador destacado en medio de tantos futbolistas que apenas cumplieron con lo suyo.

En condiciones normales deberíamos lamentarnos de haber dejado escapar 02 puntos en situación de local, pero hay que tener en cuenta que nos enfrentamos a un rival durísimo (ya lo había sido en la edición anterior de la Copa), que se está acostumbrando a habitar regularmente este torneo con cierto suceso. Además, hace décadas que el fútbol paraguayo superó al nuestro (lo demuestran sus 04 copas mundiales seguidas) y el Libertad guaraní no podía ser una excepción. Aún así, tampoco la “U” fue menos y entre ambos definirán, seguramente, quien se queda con la punta del grupo (algo que a los merengues les convendría obtener porque si bien es cierto que tener un rival tan inferior como el Blooming boliviano hará que, casi seguramente, el 2do del grupo también clasifique a octavos de final, se corre el riesgo que ese equipo se encuentre con uno brasilero en dicha instancia, rivales por demás de temer). Las fuerzas son parejas y me animo a vaticinar un partido parecido cuando nos toque visitarlos.

Tanto la “U” como Libertad tienen 07 puntos que los ubican en la cima de la tabla (con mejor deferencia de goles para los patraguayos). No se jugarán partidos por este grupo hasta el 23 de marzo (casi un mes) y eso constituye una excelente oportunidad para que Reynoso, técnico crema, defina la estrategia a seguir para quedar finalmente como el puntero del grupo (algo que no se logra desde 1993) y pasar a los 8vos (que no ocurre desde 1999). Además la crema debería remontar en el torneo local donde ha perdido los 02 encuentros que ha disputado… equipo tiene, entrenador también y ahora se suman los sponsors que dan tranquilidad económica. La “U” es el campeón peruano y debe demostrarlo aquí y allá, como manda su historia.

Quería iniciar estami aventura por el mundo del blogeo comentando la actualidad del equipo de mis amores como tributo por tanta alegría que provocó a sus hinchas el año pasado. Espero este año una historia similar y volver a festejar en diciembre… hasta el próximo blog !!!

Hello world!

febrero 26, 2010

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